Trastorno bipolar y genes

Lucas Coge

El trastorno bipolar es una afección en la cual las personas alternan períodos de euforia con otros de tristeza o melancolía; van de un estado de ánimo muy bueno o irritable a otro de depresión. Se mueven entre dos extremos o polos. Las “fluctuaciones en el estado de ánimo” entre manía y depresión pueden ser muy rápidas. La persona combina momentos de euforia con otros de tristeza, abatimiento o melancolía.

Como trastorno afecta tanto a hombres como a mujeres y, generalmente, empieza a manifestarse entre los 15 y 25 años. Cuenta con un componente familiar confirmado por la práctica clínica, dada la elevada presencia del trastorno en pariente de personas que lo han padecido; y también, por el reciente estudio realizado por científicos del Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres.

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¿La primera impresión es lo que cuenta?

Luca Coge

Vivimos rodeados de gente. Algunas personas las conocemos desde siempre, otras acabamos de encontrarlas o nos las han presentado hace nada. Pero en todos los casos, siempre nos formamos diferentes impresiones sobre todas estas personas. Construimos esas impresiones por lo que hemos oído acerca de una persona, por lo que otros nos han dicho o por nosotros mismos sin la ayuda aparente de nadie. En muchas ocasiones, cuando nos presentamos a alguien por primera vez, queremos dar una buena impresión pues, actuamos convencidos de que la primera impresión es importante.

Una impresión es una opinión, sentimiento, juicio que algo o alguien suscitan, sin que, muchas veces, se puedan justificar. Todos nos formamos impresiones de los demás. En este caso, llevamos a cabo un proceso mediante el cual inferimos una serie de características psicológicas a partir de la conducta y de otros atributos de la persona observada. Estas características se organizan en una impresión coherente. Pero en este proceso no llevamos a cabo una exploración en profundidad de la persona en cuestión, ni tampoco es frecuente que contrastemos nuestras inferencias con las de otras personas. De hecho, solemos construir nuestras impresiones de un modo rápido y a partir de un número reducido de elementos, que en ocasiones no tienen porque ser correctos.

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Ataque de pánico financiero

Luca Coge, E. Furió

Estos días de mayo de 2012, los titulares de diferentes medios de comunicación recogen la noticia de que los ciudadanos griegos están retirando el dinero que tienen depositado en las entidades bancarias para tenerlo guardado en sus casas. ¿Son éstas unas situaciones de pánico? ¿Guardan relación con los ataques de pánico y de ansiedad de que hablan los psicólogos? Para relacionar ambos temas primero tenemos que describir cada uno de ellos. En esta entrada nos ocuparemos de los pánicos financieros y bancarios.

Volviendo al pánico financiero, en el caso de Grecia, la razón más probable de este comportamiento es que los depositarios anticipen una salida de Grecia de la zona euro y la sustitución, en su país, del euro por una nueva moneda nacional un nuevo dracma.

Si esto tuviese lugar, los ciudadanos griegos anticipan también toda una serie de depreciaciones consecutivas del dracma frente al euro, con la consiguiente y continua pérdida de poder adquisitivo de la moneda griega y el empobrecimiento todavía mayor del país. Para evitar ser pobre o paliar el nivel de pobreza, conviene tener una moneda fuerte, en este caso el euro, y desprenderse de la moneda débil, el dracma. Y, esto es lo que persiguen los griegos que retiran sus euros de los bancos.

Estas circunstancias suelen visualizarse por las largas colas de los depositarios ante las puertas de los bancos con el propósito de retirar su dinero. Estas circunstancias también tienen lugar cuando lo que esta en juego no es el sistema monetario nacional sino una o varias entidades bancarias. En este caso, los clientes de una o varias entidades bancarias quieren retirar sus depósitos de los bancos en crisis para colocarlos en otros más fiables.

El 14 de septiembre de 2007, el banco escoses Northern Rock solicitó al Banco de Inglaterra un apoyo financiero para hacer frente a los de problemas derivados de la crisis de las hipotecas subprime de los Estados Unidos. El 22 de febrero de 2008, el banco fue nacionalizado ante la incapacidad de responder a sus ahorradores y por el riesgo de quiebra.

Cuando la retirada de fondos afecta a todo el sistema monetario nacional, los gobiernos suelen tomar la decisión de bloquearlos e impedir la retirada de los mismos. Básicamente, por dos razones, por un lado porque la propia retirada de fondos agrava la situación de liquidez de los bancos y confirma los temores de los depositarios. Estos quieren retirar sus fondos porque temen que el banco no tenga suficiente liquidez para, en un momento dado, devolverles el dinero, pero al retirar anticipadamente los fondos, eliminan toda la liquidez del banco y, con ello, confirman sus temores.

La otra razón para bloquear legalmente los depósitos por parte del gobierno, es evitar la huida de capital. De acuerdo con los medios de comunicación, una parte de la población griega poseen cuentas en Suiza por un valor de 280.000 millones de euros, lo que representa 120% del PIB griego. En diciembre de 2001, el gobierno argentino restringió la libre disposición de dinero en efectivo de plazos fijos, cuentas corrientes y cajas de ahorros. El objetivo que se perseguía con estas restricciones era evitar la salida de dinero del sistema bancario y del país, intentando evitar así una ola de pánico bancario y el colapso del sistema. El periodista argentino Antonio Laje denominó a esta situación con la expresión de “el corralito”, cuyo uso se extendió a toda la comunidad hispanohablante para describir las situaciones de pánico bancario y financiero.

En conjunto, este tipo de circunstancias se denominan pánicos financieros o bancarios. Pero, la cuestión que me gustaría tratar es qué relación existe entre estas situaciones de pánico financiero y los ataques de pánico o crisis de angustia. ¿Los pánicos financieros pueden asimilarse a crisis de angustia generalizados con idénticos síntomas fisiológicos pero generalizados? En las próximas entradas abordaremos está cuestión. Previa a la búsqueda de esta relación, era necesario presentar el pánico bancario y financiero. Y, este es el propósito de esta entrada.

Hasta luego y mucha suerte.

  1. Referencias

Ilustración 1: http://www.ssa.gov/history/bank.html

Ilustración 2: Lee Jordan, http://flickr.com/photo/30249912@N00/1393780566

Las emociones y sus dimensiones

Por Luca Coge

Una manera simple de presentar la emoción nos llevaría a decir que son experiencias psicobiológicas que intervienen en el modo de afrontamiento de ciertos estímulos internos o externos. De hecho, todos podemos reconocernos en la primera parte de la frase anterior. Todos tenemos el recuerdo de haber sentido o experimentado una emoción en distintos momentos. Aunque sentimientos y emoción no sea lo mismo, somos capaces de identificar aspectos psicológicos de una emoción (la tristeza) acompañados de manifestaciones biológicas (como las lágrimas, por ejemplo).

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s en sus múltiples facetas o en su

La neurología de la risa

Luca Coge

La risa cuenta se manifiesta en múltiples contexto que van más allá de la expresión de alegría. El humor o la burla, junto con la falsa risa o la risa simulada son otras ocasiones en que se presenta. En esta entrada se recoge diversos elementos del trabajo de Manuel Arias publicado en la Revista Neurología titulado “Neurología de la risa y del humor: risa y llanto patológicos”.

Anatomía de la risa

Como muchas otras expresiones humanas, la risa cuenta con un soporte anatómico, sobre todo porque produce cambios transitorios en la expresión facial. Estos cambios están propiciados por la contracción de determinados músculos: la comisura bucal se desplaza hacia atrás y arriba (con intervención del músculo cigomático mayor) y la hendidura palpebral se estrecha y aparecen arrugas (con la participación del orbicular de los párpados); y, se acompañan de emisión de sonidos particulares y variaciones en los movimientos de la respiración, producidos por la activación de otros músculos faciales, laríngeos y respiratorios (contracción clónica de músculos implicados en la espiración).

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La Neurociencia del acto de compra

Lucas Coge

Las personas que responden a un cuestionario de un estudio de mercado pueden ser honestas y decir la verdad en todos los casos. Pero la práctica muestra que existe un puñado de razones que hacen que se tienda a responder cosas diferentes a las que se piensan o se dicen. También, la experiencia y el análisis han mostrado que las pruebas de polígrafo están lejos de ser infalibles.

En cambio, un neurocientífico nos dirá que las imágenes de un electroencefalograma no mienten. Si ante la imagen de un producto o una marca: si se produce un aumento de actividad en la corteza prefrontal izquierda, el individuo se siente atraído por la imagen en cuestión; en cambio si el incremento se produce en la corteza prefrontal derecha, la sensación experimentada es la contraria: la imagen es motivo de desagrado.

Además si se activan las áreas relacionadas con la memoria, las probabilidades de que el individuo en cuestión transforme su sensación en un acto de compra son mayores que si dichas áreas permanecen inertes. De hecho, empresas como General Motors, BMV, Ford Europa, DaimlerChrysler,… utilizan las técnicas de imaginería para estudiar el comportamiento cerebral del consumidor. Podría decirse que están sumamente interesadas en la Neurociencia del acto de compra.

En 2003, la revista Forbes se hacía eco de este interés con un artículo titulado “In Search of the Buy Button” de Melanie Wells. Dicho artículo nos sirve de base para elaborar esta entrada.

Los publicitas apelan tanto a las emociones como a la razón en sus intentos por convencer a los consumidores. Se utiliza tanto el humor, el suspense, la angustia, el miedo,… Ahora el propósito parece dirigido a encontrar sino el botón activador, sí los circuitos que se activan cuando tomamos la decisión de adquirir un producto o un servicio. Luego, se trata de encontrar el color, el aroma, el envase, la etiqueta y embalaje, o la publicidad que lo activen. El tercer paso es nuestro: comprar.

Si somos pura química orgánica en disolución acuosa, solo se trata de encontrar el mecanismo que desencadene la actividad cerebral y la transmisión neuroquímica relacionados con la memoria y con la acción. James Bailey, profesor de comportamiento organizacional de la Universidad George Washington, considera que en un futuro estaremos en condiciones de establecer el contenido de la campaña publicitaria o el diseño del producto capaces de desencadenar tal mecanismo.

Gerald Zaltman, profesor emérito en la Escuela de Negocios de Harvard y autor de ¿Cómo los clientes piensan?, piensa el mismo que parte de nuestro comportamiento está impulsado por cosas distintas a nuestro conocimiento.

Conocer que partes de nuestro cerebro están involucradas en la formación de nuestras preferencias y en la toma de decisiones es de sumo interés para las empresas, las organizaciones y las administraciones. Este interés cubre un amplio espectro de cuestiones. Por ejemplo, haciendo uso de distintas tecnologías, entre ellas la resonancia magnética, se estudian los cerebros de los conductores para diseñar dispositivos de navegación y advertencia que permitan mejorar la seguridad de los vehículos. Otras investigaciones persiguen mejorar las campañas de comunicación mercadológica de las empresas.

En estos otros casos, los mecanismos involucrados en principio no son totalmente complejos. Por ejemplo, si se distribuyen muestras de un producto durante un período festivo y de diversión (las vacaciones), los consumidores pueden construir una asociación entre el producto y el bienestar, de modo que consumirán el producto para buscar un poco de felicidad. Aquí están encerradas cuestiones fundamentales que se encuentran en el interrogante acerca de s si ¿lloramos porque estamos tristes o estamos tristes porque lloramos?

Tristeza y felicidad son dos de las emociones que están presentes en nuestra elaboración de preferencias y en nuestra toma de decisiones. Antonio Damasio, en su libro El error de Descartes, afirma que las emociones son fundamentales en nuestro pensamiento efectivo y para decidir.

Los responsables de Kellogg también están de acuerdo en este tipo de consideraciones, al mismo tiempo que altamente interesados en saber cómo decide la mujer actual, cómo establece el equilibrio decisional entre la ingestión de alimentos y el cuidado de la línea corporal.

Pero a la hora de decidir qué nos gusta o qué comprar, no estamos solos. Lejos de ello. En nuestras elaboraciones intervienen nuestras emociones, nuestros razonamientos y, también, los efectos de la presencia (mediata o inmediata) de los demás. Las preferencias también son interdependientes, en contra de la opinión de la teoría económica estándar. Nuestra percepción y valoración pueden llegar a modificarse por la mera dinámica del grupo.

Hasta luego y buena suerte

Referencias

Wells, M. (2003). In Search of the Buy Button. Forbes.

© Imágenes: Microsoft