Comportamiento económico: aprendizaje vicariante y efecto rebaño en las burbujas económicas

L. Coge & E. Furió

El aprendizaje Vicariante u observacional se produce cuando un animal observa a otro animal realizar una tarea aprendiendo entonces esta tarea más rápidamente. En el ser humano, este tipo de aprendizaje se aplica a la forma en que imitamos y seguimos ejemplos, aprendemos de experiencias ajenas y direcciones simbólicas para desarrollar habilidades y alcanzar objetivos. Por eso también se denomina aprendizaje social.

En el aprendizaje vicario, el refuerzo es de otra índole y se basa en procesos imitativos cognitivos del sujeto que aprende con el modelo. En los primeros años, los padres y educadores serán los modelos básicos a imitar. El refuerzo es el estímulo que refuerza una conducta. Es cualquier consecuencia o acontecimiento que, cuando se hace contingente respecto a una respuesta previa, aumenta la probabilidad de que esa respuesta aparezca de nuevo en el futuro. El refuerzo puede ser intrínseco o extrínseco, positivo o negativo. El reforzador, igual que los estímulos aversivos se define en función de su efecto sobre la conducta, no por sus características inherentes. Es decir, aunque un estímulo pueda ser considerado en general como reforzador no lo será en los casos en que no haga más probable una conducta.

Son muchos los ejemplos de cómo los niños observan e imitan a sus padres y aprenden de lo que les sucede a sus hermanos, cuando éstos son regañados o premiados, y entonces rigen su actuación con base en sus observaciones. Así se aprenden los valores y las normas sociales —que son adecuadas o no según cada cultura-, cómo manejar los impulsos agresivos, cómo prestar y compartir las cosas,… Estos procesos se dan toda la vida.

El aprendizaje vicariante se diferencia del aprendizaje activo. Éste consiste en una adquisición de conocimientos gracias a la realización de actividades, es una aprender haciendo. En contraste, el aprendizaje vicario es aprender a partir de la observación de lo que los otros hacen. Por la mera observación de las acciones de los otros y de las consecuencias que éstas comportan, se aprender a repetir o evitar esa conducta o una acción.

Albert Bandura sostiene que al ver las consecuencias positivas o negativas de las acciones de otras personas, las llevamos como si fueran fruto de nuestra propia experiencia en otras circunstancias. Podemos recrear las consecuencias posibles de diferentes cursos de acción sin necesidad de esperar a llevar a cabo previamente esas acciones, basta con la observación de las demás. Esto es significativamente importante cuando las motivaciones de nuestras acciones son expectativas sobre el futuro: resultados deseados, estados o situaciones que queremos alcanzar; cuando las causas de nuestras acciones son los efectos esperados de las mismas.

Observar a los demás, sus acciones y los resultados que de ellas obtienen es un atajo muy utilizado en los procesos de toma de decisiones. Puede contemplarse como un tipo particular de analogía. Haciendo uso de una presentación bastante común y extendida, podemos considerar la analogía como una comparación o una relación entre distintas ideas objetos o experiencias, de la cual obtenemos razonamientos o conductas sobre la base de la presencia de semejanzas entre ellas. La particularidad del aprendizaje vicariante es que tomamos la experiencia ajena para confeccionar las analogías.

El aprendizaje vicariante actúa, pues, como un recurso útil en la toma de decisiones pues hacemos uso del mismo cuando tenemos que tomar rápidamente una decisión o cuando no tenemos la suficiente información o la suficiente capacidad para procesarla. Un ejemplo bastante común y por muchos conocido es cuando acudimos con retrasado a una reunión de vecinos de modo que cuando entramos se está a punto de iniciar la votación a brazo alzado y tenemos que tomar rápidamente la decisión del sentido de nuestro voto sin saber sobre que se está votando, tal vez decidamos abstenernos. Pero también, puede ocurrir que veamos levantar la mano al vecino del tercero con quien coincidimos siempre que hay que tomar una decisión en la comunidad de vecinos o quien atribuimos un elevado y correcto juicio en la toma de decisiones, en este caso con mucha seguridad levantaremos la mano y votaremos lo mismo que él, pues consideramos que es una decisión con altas probabilidades de ser acertada.

Se trata de un ejemplo de analogía o de aprendizaje vicariante. Este tipo de actuación está muy extendida en todos los ámbitos. En el caso de la toma de decisiones públicas, basta recordar que la decisión del gobierno español de suprimir la publicidad en la televisión pública tuvo lugar poco tiempo después que el gobierno francés tomase el mismo tipo de decisión. Es cierto que puede tratarse de una simple coincidencia de calendario, pero es muy probable que se trate de un aprendizaje vicariante actuando en el terreno de la política pública.

En un terreno donde es especialmente importante este tipo de comportamientos en el ámbito económico. Una importancia que puede desprenderse bien su frecuencia o del alcance de sus consecuencias y que ha propiciado que tenga un nombre propio. Veámoslo.

El aprendizaje vicariante es particularmente importante cuando existen problemas de falta de información o incertidumbre sobre el estado actual o futuro (recuérdese nuestra anterior reunión de vecinos). Cuando estamos en situaciones de falta de información, o nos sentimos incapacitados para analizar la situación o la información disponible, en lugar de proceder por medio de un aprendizaje activo, puede resultar una buena estrategia hacer uso del aprendizaje vicariante y tomar en consideración las acciones de los demás que han conducido a resultados que considerados positivos o deseables. Es en situaciones de este tipo cuando surge lo que los economistas han dado en llamar comportamiento de rebaño o efecto rebaño (“herd behavior”).

El comportamiento de rebaño es particularmente importante en las burbujas económicas y, en particular, en las crisis financieras. Ha sido formalizada por Gwynne (1986), Banerjee (1992) y Scharfstein y Stein (1990). Estos dos últimos autores se han centrado en aplicaciones relativas los mercados financieros.

En estos casos, se establece la distinción entre inversores listos e inversores tontos. Los primeros reciben buenas señales informativas respecto del valor de una inversión, mientras que los segundos sólo reciben señales de ruido. A priori, es difícil, cuando no imposible, reconocer a unos otros. En cambio, a posteriori, una vez realizadas las inversiones en el mercado y conocidos los resultados obtenidos de las mismas, sí que podemos diferenciar unos de otros: si el inversor ha realizado una inversión rentable lo etiquetaremos de listo, pero si sus resultados son mediocres o negativos formará parte del grupo de los tontos. Si de repente un inversor que consideramos listo toma la decisión de deshacer todas sus posiciones en la bolsa, sin que aparentemente exista motivo alguno o nosotros lo desconozcamos, es muy probable que otros inversores actúen por analogía o sobre la base de un aprendizaje vicariante. Cuanto mayor sea el número de estos imitadores es más probable que otros se incorporen a las decisiones de venta. Los precios se hunden sobre todo por razones psicológicas y el mercado de valores se instala en una situación de crisis.

No obstante, el problema de este criterio de catalogación es que nos basamos en la experiencia pasada. Es cierto que lo mismo hacíamos antes con nuestro vecino y que es un criterio que frecuentemente se utiliza. Si existe un comportamiento de los valores que es sistemáticamente no predictible, es muy difícil distinguir a los inversores listos de los inversores tontos. Podemos pensar que en estos casos nos quedamos sin aprendizaje vicariante. La respuesta es que no, pues en estos casos podemos considerar como criterio para diferenciar a unos inversores de otros el grado de similitud que existe entre su comportamiento. Se trata que la diferenciación en la conducta penaliza la imagen que proyecta el inversor. Una inversión no rentable no es tan mala para su reputación cuando otros incurren en la misma equivocación. Los inversores listos tiende a recibir las mismas señales, mientras que los tontos no, por tanto, si un inversor mimetiza el comportamiento de otros, sugiere al mercado que ha recibido una señal que está en correlación con la suya propia por lo que es muy probable que sea listo. Si, por el contrario toma una posición contraria se le percibe como posiblemente tonto. De esta manera, si la información privada de un inversor le dice que una inversión puede tener un valor futuro negativo puede, sin embargo, llevarla a cabo si otros lo han hecho ya antes que él.

Un último aspecto interesante en esta relación entre el aprendizaje vicariante y la economía consiste en introducir las emociones. La función expresiva de las emociones juega también otro rol no menos importante en el aprendizaje vicariante y por ente en los mercados. Dado que una gran parte de la experiencia emocional adquiere en forma de aprendizaje vicariante; por ejemplo, que a veces cuando vemos a una persona asustada, nos asustamos también, sin conocer la causa de ese susto. La capacidad de las emociones en cierto modo de «contagiar» a los demás, es la base de la adquisición de la experiencia emocional propia, y también de ciertos fenómenos masivos, como por ejemplo lo es el pánico masivo,… o el pánico en los mercados financieros.

Hemos tratado la relación entre aprendizaje vicariante y crisis financieras. Conviene resaltar que los resultados que podemos alcanzar gracias al aprendizaje vicariante no son siempre adversos en absoluto. También interviene en otros casos con resultados mucho más favorables.

Un aspecto importante de estas notas es la necesidad de diferenciar más finamente entre aprendizaje vicariante y analogía. Pero de esto nos ocuparemos en una próxima entrada.

Hasta luego y buena suerte

Comportamiento animal y tipos de aprendizaje

Un número elevado de comportamiento requiere un aprendizaje, un proceso en el cual las repuestas del organismo se modifican como resultado de la experiencia. En algunos casos, como el de los insectos de vida breve para aprender, los animales tienen un comportamiento estereotipado. En cambio, en organismos con un cerebro más complejo y lapso de vida más prolongado, como los primates, una gran proporción del repertorio de comportamiento depende fundamentalmente de la experiencia previa del individuo. No obstante, existen excepciones, en particular, el caso de los insectos sociales como las abejas, que son capaces de aprender y retener información en la memoria por grandes períodos.

En general podemos diferenciar los siguientes tipos de aprendizaje (Curtis & Barnes, 2007):

  • Aprendizaje por habituación
  • Aprendizaje por asociación
  • Aprendizaje por impronta
  • Aprendizaje social

Aprendizaje por habituación

La habituación es una de las formas más simples de aprendizaje. Gracias a ella, un animal aprender a ignorar un estímulo repetido. Por ejemplo, una paloma recién llegada a un plaza se asustará las primeras veces que un automóvil frene bruscamente cerca de ella, pero con el tiempo, aprenderá a ignorar los ruidos. En la habituación, un organismo reduce o suprime la respuesta a un estímulo persistente. No se trata de fatiga muscular, sino del resultado de un proceso de aprendizaje.

La habituación también es diferente de la adaptación social en la que la repuesta disminuye sólo en forma temporal frente al estímulo. Por ejemplo, los receptores gustativos de una mosca se adaptan a la presencia de moléculas de azúcar y suprimen su actividad aunque estén sumergidos en una solución azucarada que los estimula permanentemente.

La habituación tiene un significado adaptativo importante. Ciertas respuestas que, en un principio son útiles, dejan de serlo y comienzan a representar un consumo superfluo de tiempo y energía.

Aprendizaje por asociación

La asociación consiste en que un estímulo llega a conectarse, por medio de la experiencia, con otro estímulo en principio no relacionado. Por ejemplo, los peces se aproximan a la esquina del acuario cuando se acerca la persona que suela arrojar comida en ese sitio y los perros se excitan al ver su correa porque la asociación con el paseo. Se trata de un tipo de aprendizaje más complejo que la habituación.

Existen diferentes tipos de condicionamiento:

  • Condicionamiento clásico
  • Condicionamiento operante

Condicionamiento clásico

Los primeros estudios sobre aprendizaje asociativo los realizó el fisiólogo ruso Iván P. Pavlov en la década de 1920. En sus experimentos de condicionamiento clásico, Pavlov ofrecía cada día a un perro hambriento un trozo de carne. Previamente hacía sonar unas campanas que anunciaban el momento de la comida. El perro pronto asoció ambos estímulos, el alimento y el sonido que lo anunciaba, y comenzó a responder salivando ante el sonido de la campana, aun en ausencia de carne.

Pavlov acuño los términos de estímulo incondicionado –la carne que produce la salivación- y estímulo incondicionado –el sonido de la campana que normalmente no produce salivación, sólo lo hace una vez que el animal lo asocia con el alimento-.Cuando un animal aprende a relacionar ambos estímulos, presentados en forma repetida y en el mismo orden, produce una respuesta, que se denomina respuesta condicionada, frente al estímulo condicionado.

Condicionamiento operante

El condicionamiento operante, también llamado “aprendizaje por ensayo y error”, tiene lugar cuando un animal asocia una actividad particular con un castigo o un premio. Por ejemplo, una rata colocada en un recinto, después de explorarlo, eventualmente encuentra y presiona, por azar, una palanca, lo cual provoca la liberación de una pelotita de alimento. Luego de consumirla, la rata continúa la exploración más rápido y presiona de nuevo la palanca. La rata aprende a asociar un comportamiento particular con la recepción de comida.

Es posible diferenciar distintos tipos de condicionamiento operante. En particular,

  1. Reforzamiento: consisten en el aumento de la frecuencia de una conducta, resultante de la adición o retiro de algo como consecuencia de esa conducta. El reforzamiento puede actuar positiva o negativamente
    1. Por ejemplo, si cuando tu perro se sienta y le das comida. Tu perro se sienta cada vez con más frecuencia porque la comida ha funcionado como reforzador. Esto se conoce como reforzamiento positivo porque la adición de algo (comida) aumenta la frecuencia de la conducta (sentarse).
    2. Si, en cambio, el perro tiene miedo de la gente y cuando una persona se le acerca y él ladra agresivamente; y, cuando la persona se aleja, y el perro deja de sentir miedo. Entonces, aprende que ladrando agresivamente puede hacer que la gente que teme se aleje. Esto se conoce como reforzamiento negativo porque el retiro de algo (la gente) aumenta la frecuencia de la conducta (ladrar agresivamente).
  2. Castigo: es la disminución de la frecuencia de una conducta, resultante de la adición o retiro de algo como consecuencia de esa conducta. Aquí también el castigo puede ser positivo o negativo.
    1. Si nuestro perro se acerca a un extraño al que no le gustan los perros, y esta persona le da una patada, entonces, el animal aprende a evitar a las personas. Esto se conoce como castigo positivo porque la adición de algo (la patada) disminuye la frecuencia de la conducta (acercarse a las personas). Este tipo de castigo no es recomendable en el adiestramiento porque tiene consecuencias adversas que implican daño físico y/o emocional del sujeto.
    2. Un caso diferente ocurre si nuestro perro está jugando con nosotros al tira y afloja. Una persona tira del extremo de un trapo, mientras el animal tira del otro extremo. En su entusiasmo por morder el trapo, el perro muerde la mano por lo que se termina el juego y nos alejamos del animal. Entonces el perro aprende a no morderte cuando juegan. Esto se conoce como castigo negativo, porque el retiro o de algo (el juego) disminuye la frecuencia de la conducta (morder tu mano).
  3. Extinción. Es la disminución de la frecuencia de una conducta aprendida, que ocurre cuando dicha conducta no tiene consecuencias. Es decir que dejan de existir las consecuencias que antes reforzaban la conducta.
  4. Discriminación y control por el estímulo. Es el aumento de la frecuencia de una conducta en presencia de un estímulo, pero no en presencia de otros.

Aprendizaje por impronta

K. Lorenz hizo aportaciones importantes en el estudio del desarrollo de las relaciones sociales, especialmente en el fenómeno de impronta o troquelado. La “impronta” es una variedad de aprendizaje a la vez rápido e irreversible, que tiene lugar en ciertos períodos críticos del desarrollo temprano de algunos organismos. Se trata de un aprendizaje de tipo asociativo, pues está íntimamente relacionado con el reconocimiento de los miembros de la propia especie con respecto a los miembros de otras especies y es de importancia vital para el éxito reproductivo final de muchos animales.

Lorenz se centró en el estudio de pautas de conducta animal a lo largo de los procesos filogenéticos, para averiguar cuáles son constantes y cuáles han sufrido una modificación adaptativa. Según Lorenz, existen cuatro grandes instintos en todo animal (incluido el hombre): de nutrición, de reproducción, de fuga y de agresión. Cada uno de estos instintos está integrado por una pluralidad de pulsiones instintivas y se relacionan entre sí en la articulación de la conducta. La situación actual es que cada uno de esos instintos se encuentra en las diversas especies animales y en el hombre viene determinado por la adaptación filogenética.

Aprendizaje social

Se habla de aprendizaje social en aquellos casos en que la presencia de un animal puede influir en forma significativa el conocimiento adquirido por otro animal. Los animales que viven en grupos pueden beneficiarse copiando y reproduciendo comportamientos que otros miembros del grupo adquirieron a través de un proceso de ensayo y error (por ejemplo, aprendizaje de ingesta de alimentos apetitosos sin necesidad de probarlos o de evitación de depredadores sin necesidad de interactuar con ellos).

Una forma más compleja de aprendizaje social es la imitación o aprendizaje imitativo. Éste ocurre cuando un comportamiento novedoso es adquirido por un individuo luego de observar a otro realizar ese comportamiento.

Referencias

Curtis, J. & Barnes, N.S. (2007): Invitación a la Biología, Editorial Médica Panamericana