Los circuitos neuronales: ¿una razón para trabajar la inteligencia?

Las neuronas no están aisladas, sino que actúan en relación unas con otras formando una red. Esta red de neuronas se conoce como un circuito neuronal. Se trata de un conjunto de neuronas vinculadas funcionalmente a lo largo del sistema nervioso y que asumen la tarea de ofrecer una respuesta correcta. Es el paso de información por un circuito lo que da lugar a una respuesta.

Existen diferentes tipos de circuitos. Algunos de ellos son simples, como es el caso de los arcos reflejos. Se trata de una cadena de neuronas destinada a llevar a cabo la tarea de ofrecer una respuesta a un estímulo como resultado de un circuito. La respuesta ofrecida es involuntaria, estereotipada y su finalidad es beneficiar o proteger al organismo. Por ejemplo, si sentimos un pinchazo en la mano, rápidamente procedemos a retirarla. Otros circuitos son más complejos.

Fisiológicamente, se pueden clasificar en función del número de neuronas y de sinapsis que tengan:

Tipo de circuito neuronal

Número de sinapsis(1)

Número de inter-neuronas

Monosináptico

1

0

Bisináptico

2

2

Polisináptico

Numerosas

Numerosas

  1. A efectos de la clasificación, no se computa la sinapsis periférica

 

Los circuitos presentan, en su funcionamiento, una serie de características:

  1. Tiempo de latencia: se corresponde al tiempo que transcurre entre el inicio del estímulo y la formación de la respuesta. Depende, básicamente, de factores como el número de sinapsis, el tipo de fibra (en función de la presencia o ausencia de mielina), la temperatura, la longitud de las vías y el tipo de efector.
  2. Especificidad: cada circuito neuronal parte del patrón de desarrollo y diferenciación; en consecuencia, cada circuito neuronal está constituido para dar una respuesta determinada. Cada individuo presenta los mismos circuitos. Cuanto más básicos son, mayor es la similitud entre individuos.
  3. Irradiación: la información puede incidir de modo diferente sobre las distintas poblaciones neuronales. Puede actuar de un modo divergente (una neurona se excita y transmite esta excitación, simultáneamente, a tres otras neuronas y éstas a otras muchas) y convergente (varias neuronas transmiten el impulso a una única neurona).
  4. Sumación espacial y temporal. En el primer caso, varias neuronas liberan una cantidad limitada de neurotransmisor y sólo la sumatoria de varios de ellos podrá provocar el potencial de acción en la neurona post-sináptica. En el segundo, la actividad repetitiva de alta frecuencia hace que se estimule y gatille el potencial de acción en la neurona post-sináptica.
  5. Potenciación. Ésta consiste en una intensificación duradera, en la transmisión de señales entre dos neuronas resultado de una estimulación sincrónica de ambas.
  6. Fatiga. Ésta es una consecuencia del propio fenómeno sináptico. Como resultas de una excesiva excitación y una transmisión sináptica durante mucho tiempo, el neurotransmisor se consume y requiere un tiempo para su síntesis, una situación que comporta una reducción del potencial excitador post-sináptico. Esta situación expresaría una fatiga.

Cuando se han establecido los contactos sinápticos, las neuronas pasan a depender en cierto grado de la presencia de sus dianas para sobrevivir y seguir diferenciándose. En ausencia de dianas sinápticas, los axones y las dendritas de las neuronas en desarrollo se atrofian y las células nerviosas pueden morir. La interacción trófica es la dependencia prolongada entre las neuronas y sus dianas. Esta dependencia se basa en moléculas-señal específicas denominadas factores neurotróficos. Estos se originan en los tejidos diana y regulan la supervivencia neuronal, el crecimiento y la diferenciación ulteriores. Es necesario mantener el funcionamiento neuronal para garantizar el funcionamiento neuronal.

Las interacciones tróficas modulan la formación de conexiones sinápticas tras la sinaptogénesis. Hay que asegurar que cada célula diana está inervada por la cantidad adecuada de axones, y que cada axón inerve la cantidad adecuada de células diana. El patrón de conexiones sinápticas que surge en el adulto no es consecuencia de las parejas sinápticas o de otras reglas determinadas durante el desarrollo. El plan de instalación de axones en la madurez es resultado de un proceso flexible donde se forman conexiones neuronales o son eliminadas según las circunstancias locales. Tras el desarrollo, las interacciones tróficas garantizan que todas las células diana estén inervadas por la cantidad correcta de aferencias y de sinapsis, y que todos los axones de inervación hagan contacto con la cantidad correcta de células diana con una cantidad adecuada de terminaciones sinápticas.

Si bien, la sinaptogénesis viene fuertemente influida por la base genética, no cabe duda que existe un margen significativo para la acción del medio ambiente en el desarrollo y funcionamiento de los circuitos neuronales. De hecho, esto sería consistente tanto con la evidencia que muestra un patrón hereditario de la inteligencia como con la otra surgida de los trabajos de gemelos criados en ambientes distintos. El uso de la inteligencia o de la memoria favorece el buen funcionamiento de las interacciones tróficas de las redes neuronales y, por ello mismo, refuerzan la inteligencia y la memoria mismas.

Hasta luego y buena suerte

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Inteligencia y emociones: una nota previa

Por Luca Coge

El sistema nervioso reviste una gran complejidad en su intervención en los procesos mentales y las acciones de control que realiza. Es el receptor de millones de datos de los distintos órganos de los sentidos que, luego, integra, para a continuación, dar respuestas que el cuerpo realiza. En los seres humanos, existen tres niveles principales del sistema nervioso con atributos funcionales particulares:

  • El nivel espinal o medular,
  • El nivel encefálico inferior o subcortical y
  • El nivel encefálico superior o cortical

La médula espinal es una vía que conduce las señales desde la periferia del cuerpo hacia el encéfalo (aferente) o desde éste hacia el cuerpo (eferente). Pero también los circuitos neuronales de la médula originan el movimiento de la marcha; los reflejos de retirada de una parte del cuerpo cuando recibe un estímulo doloroso; los reflejos de contracción forzada de las piernas para sostener el cuerpo contra la acción de la gravedad; y, los reflejos que regulan los vasos sanguíneos, los movimientos gastrointestinales y los reflejos que controlan la excreción urinaria. Con frecuencia, los niveles superiores del sistema nervioso no actúan enviando directamente señales a la periferia del cuerpo, sino enviando señales a los centros medulares de control, ordenando a los centros espinales que lleven a cabo las funciones.

Las áreas inferiores del encéfalo realizan la mayoría de las actividades del organismo denominadas subconscientes. Son las áreas situadas en el bulbo raquídeo, la protuberancia, el mesencéfalo, el hipotálamo, el tálamo, el cerebelo y los ganglios basales. Así, el control inconsciente de la presión arterial y de la respiración radica principalmente en el bulbo y en la protuberancia. El mantenimiento del equilibrio es una función mixta del cerebelo y de la sustancia reticular del bulbo, la protuberancia y el mesencéfalo. Los reflejos de la alimentación, por ejemplo, o la acción de lamerse los labios están gobernados por áreas del bulbo, la protuberancia, el mesencéfalo, la amígdala y el hipotálamo; en muchos modelos de conducta emocional, como la ira, la agitación, las respuestas sexuales, la reacción al dolor y la reacción al placer, pueden producirse en los animales tras la destrucción de la corteza cerebral. Serían pues unas áreas propicias para las emociones.

La corteza cerebral, el nivel cortical, es un almacén de la memoria de grandes dimensiones. La corteza nunca funciona sola, sino que lo hace en asociación con los centros inferiores del sistema nervioso. Sin la corteza cerebral, las funciones de los centros cerebrales inferiores son, a menudo, imprecisas. El enorme depósito de datos que se conserva en ella suele convertir esas funciones en operaciones determinantes y llenas de precisión. La corteza cerebral resulta esencial para la mayoría de los procesos mentales que llevamos a cabo. Pero no puede funcionar en solitario. De hecho, son los centros encefálicos inferiores y no la corteza los que inician el despertar de la corteza cerebral, abriendo así su banco de recuerdos a la maquinaria pensante del cerebro. En este sentido, puede pensarse que la apertura del mundo de la información almacena para su empleo por parte de la mente puede pase en ocasiones por las emociones. Las emociones colaboran con la acción de los niveles superiores del sistema nervioso. Cómo y en qué medida serán cuestiones que abordaremos en posteriores entradas.

 

Hasta luego y buena suerte.

 

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Fuente:

  • Texto: Guyton and Hall Textbook of Medical Physiology, Elsevier.

La Memoria activa y sus causas

Como describimos en una entrada anterior (Breves notas características sobre la memoria), la memoria activa es una memoria de escasa capacidad y breve duración. También se utiliza la expresión de memoria de corto plazo o de trabajo. Se trata de una especie de almacén temporal para la información. Es el recuerdo, por ejemplo, de un número de teléfono, recuerdo cuya duración es de unos pocos segundos o minutos, pero sólo en tanto no continuemos pensando en él.

La memoria a corto plazo podría obedecer a una potenciación sináptica que facilitara la conducción sináptica. Por ejemplo, la acumulación de grandes cantidades de iones calcio en las terminaciones presinápticas. Cuando un conjunto de impulsos pasa por una terminal presináptica, la cantidad de iones calcio que penetran en dicha terminal aumenta con cada sucesivo potencial de acción. Si la cantidad de iones calcio excede la que puede absorber las mitocondrias y el retículo endoplasmático, el exceso de calcio causa una liberación presináptica prolongada de la sustancia transmisora en la sinapsis. Esto podría constituir un mecanismo de la memoría a corto plazo.

Otra posible explicación de la memoria a corto plazo es la facilitación o la inhibición presináptica. Ambas tienen lugar en sinapsis que se asientan sobre terminaciones presinápticas, no sobre la neurona siguiente. Los neurotransmisores segregados en estas terminaciones podrían producir una facilitación o una inhibición prolongada, que, en función del tipo de transmisor secretado, podría durar desde unos segundos hasta varios minutos.

Por último, las señales nerviosas que viajen una y otra vez a lo largo de una huella de la memoria temporal dan lugar a una actividad neural continua. En opinión de algunos fisiólogos, esta actividad continua origina la memoria a corto plazo. Se produce un circuito de neuronas reverberantes. En estos casos, una neurona está conectada con otras muchas, al tiempo que recibe estímulos de sinapsis situadas en sus dendritas y en el soma o cuerpo neuronal. De esta forma, se podría formar un bucle donde las neuronas se excitan entre sí, sin necesidad de un cambio en la célula. Se trataría de un primer proceso de almacenamiento y retención de información a nivel neuronal. Cada acontecimiento relevante para el organismo se mantiene como un flujo de actividad dentro de un bucle neuronal.

En cierto modo, subyace la consideración de una población de neuronas, representable como una constelación de estímulos, que es reactivada cuando un elemento o una parte de la constelación es activado. Esta activación es un fenómeno asociativo. Y, la asociación resulta de la coincidencia temporal o de la contigüidad de los estímulos. La coincidencia facilita ciertas conexiones y procesos dentro de la población celular, de tal manera que cuando uno de los estímulos es encontrado de nuevo, la población total se reactiva.

Este último extremo, podría conducirnos fácilmente a la memoria intermedia, la cual será objeto de una nueva entrada.

 

Hasta luego y buena suerte.

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Fuente:

  • Texto: Guyton and Hall Textbook of Medical Physiology, Elsevier.
  • Imágenes: Microsoft y Guyton and Hall Textbook of Medical Physiology, Elsevier.

Procesamiento de la información y memoria

Entre las funciones del sistema nervioso, tal vez la más importante sea el procesamiento de la información aferente a partir de la cual proceder a la elaboración de repuestas motoras y mentales adecuadas. No obstante, previamente, antes de procesar la información sensorial, nuestro sistema nervioso procede a una filtración de la información; esto es, una primera selección. Tenemos experiencias sensitivas porque nuestros receptores sensitivos nos dan cuenta de ellas. Estos receptores pueden ser nuestra visión, la audición, el tacto,… Una reacción sensitiva puede dar lugar, en ocasiones, a una reacción inmediata desde el cerebro; y, en otros casos, a la formación del recuerdo de la experiencia que se conservará durante minutos, días o años. En este caso, es muy probable que tengamos reacciones posteriores.

Podemos apreciar la existencia de un filtro de la información entrante o aferente si nos detenemos a pensar que nuestro cerebro desestima más del 99% de la información sensorial que somos capaces de percibir. Nuestro cerebro considera, en estos casos, que la información en cuestión carece de importancia o interés. Así normalmente no percibimos el reloj que llevamos en la muñeca o el anillo de nuestro dedo, tampoco la presión que ejercemos sobre el asiento cuando nos sentamos. Igualmente, sólo prestamos atención a uno de los múltiples objetos que se encuentran en nuestro campo visual o auditivo.

En cambio, cuando nuestra mente considera que se encuentra ante una información relevante o importante, la canaliza de inmediato hasta las regiones integradoras y motoras adecuadas del encéfalo para, desde ahí, generar respuestas convenientes. Esta canalización y procesamiento de la información se corresponde con la función integradora del sistema nervioso.

Es especialmente llamativo que en situaciones de alerta, pongamos en marcha mecanismos más intensos y eficaces de procesar la información. Un caso evidente de ello son las situaciones de estrés agudo.

Las sinapsis neuronales juegan un papel importante en el procesamiento de la información. Una sinapsis es el punto de encuentro entre dos neuronas y, por ello, se convierte en controladora de la transmisión de información. La acción de las sinapsis en la transmisión de la información puede ser de facilitación o de inhibición dependiendo de si dejan pasar la información (la potencian) o si la bloquean (frenan). Desempeñan pues una función de selección.

Como hemos dicho, la información aferente puede desencadenar una repuesta motora inmediata. Pero esta circunstancia concurre en escasa ocasiones; o, mejor dicho, solamente una escasa parte de la información sensorial importante conduce a una respuesta inmediata. Por el contrario, gran parte de los datos que recogemos se almacenan para un uso posterior bajo la forma de una regulación de la actuación motora o en los procesos mentales. Esta mayoría de datos se conserva en la corteza cerebral, aunque también la base del encéfalo y la médula espinal pueden almacenar pequeñas cantidades de información.

Se denomina memoria al almacenamiento de información. También las sinapsis contribuyen al mismo, pues cada vez que una determinada categoría de señales sensoriales atraviesan una serie de sinapsis, aumenta la capacidad de las mismas para transmitir dicho tipo de señales en una ocasión posterior. Es un proceso que se denomina facilitación. Si las señales sensoriales han pasado muchas veces por las sinapsis, éstas han quedado tan facilitadas que las señales generadas en el propio cerebro se transmiten impulsadas con la misma secuencia de sinapsis aunque no se hayan excitado los receptores y las aferencias sensitivas. La persona tiene la impresión de haber experimentado las sensaciones originales, aunque en realidad sólo se trata de recuerdos de las sensaciones anteriores.

La plasticidad neuronal (neuroplasticidad, plasticidad neural o plasticidad sináptica) constituye una propiedad de la naturaleza y funcionamiento de la comunicación neuronal. El paso de información (eferente o aferente, saliente o entrante) por las neuronas y las sinapsis deja un conjunto de huellas que modifican la eficacia de la transmisión misma de información y conforma la constitución de una cosmovisión en lo que lo anterior modifica la percepción de los siguientes.

Una vez que los recuerdos se han almacenado en el sistema nervioso, se convierten en una parte del mecanismo cerebral de procesamiento de la información. Los recuerdos ayudan a seleccionar las nuevas experiencias sensoriales de importancia y a canalizarlas hacia las áreas apropiadas de almacenamiento para usarlas en el futuro o hacia las áreas motoras para generar respuestas corporales inmediatas.

En una próxima entrada abordaremos la cuestión del diferente funcionamiento sináptico en las respuestas inmediatas y el almacenamiento de la información.

Hasta luego y buena suerte

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Fuente:

  • Texto: Guyton and Hall Textbook of Medical Physiology, Elsevier.
  • Imágenes: Microsoft y Guyton and Hall Textbook of Medical Physiology, Elsevier.

Inteligencia y demencia

La demencia: entre factores genéticos y ambientales

La demencia es un trastorno que afecta, en la actualidad, a más de 35 millones de personas. Se estima que en 2050 habrá más de 100 millones de personas que presenten el trastorno. La demencia se caracteriza por un deterioro cognitivo adquirido, con una gravedad que afecta al funcionamiento social y profesional del enfermo. El tipo más común de demencia es la enfermedad de Alzheimer. El impacto de la demencia transciende a la salud y al bienestar del paciente, para incidir en el bienestar de la familia y del cuidador, además del importante coste social y económico.

La demencia se caracteriza por un desarrollo patológico previo a los primeros síntomas y deficiencias de varios años antes. Identificar los factores que intervienen en ese desarrollo permitiría reducir de forma eficaz la cargar de la demencia en los años posteriores. Para ello, sería necesario realizar esfuerzos en prevención.

El riesgo de sufrir demencia se asocia tanto a factores genéticos como ambientales. Mientras los primeros no son modificables o no lo son fácilmente, sí que es posible intervenir en los segundos. No obstante, se considera que la intervención de los factores no se dirige a la manifestación o no del trastorno, sino al momento en que esté se expresará.

Entre los factores modificables, no genéticos, vinculados sistemáticamente al riesgo de sufrir demencia y que intervienen en etapas medias de la vida, se pueden citar (de modo no exhaustivo) (Hughes & Ganguli, 2010):

  • las enfermedades vasculares,
  • la dieta,
  • el ejercicio y
  • la actividad mental.

Centrándonos en la actividad mental. Una expresión de la relación de la misma y la demencia, no la ofrece la hipótesis de la reserva cerebral o cognitiva.

La reserva cerebral

La hipótesis de la capacidad de reserva cerebral fue introducida hace casi 20 años con el propósito de explicar la observación de una ausencia de correlación fuerte entre la enfermedad de Alzheimer y sus síntomas clínicos. La inteligencia o la experiencia de la vida pueden proporcionar la reserva en la forma de habilidades que permiten que algunas personas atenúen los síntomas de la degeneración neuronal mejor que otras. Los estudios epidemiológicos, clínicos y neuropatológicos sugieren que la educación es un importante factor de tal experiencia. Se ha mostrado, por ejemplo, que la asociación entre la enfermedad y sus síntomas cognoscitivos se ve atenuada por el número de años de educación. Los estudios de imaginería también proporcionan la evidencia para la hipótesis de la capacidad de reserva cerebral. Al considerar el reducido flujo cerebral de la sangre y la tasa de utilización cerebral de glucosa (rCGMglc) como marcadores indirectos de la enfermedad de Alzheimer, pacientes con más años de enseñanza tienen un fuerte déficit en las regiones afectadas típicamente por la patología.

En esencia, la hipótesis de la reserva cerebral asume que tanto la inteligencia innata como las experiencias de la vida (educación, actividades, etc.) pueden proporcionar una reserva en la forma de habilidades cognitivas que permiten a algunas personas tolerar mejor que a otras los cambios patológicos del cerebro.

Inteligencia y demencia

Algunos autores, como Dennis y colaboradores (2000), entienden que la reserva cerebral se refiere al tejido del SNC disponible para el cambio adaptativo, o la plasticidad en respuesta a los eventos normales y anormales ocurridos durante toda la vida. Mientras que la reserva cognitiva se relaciona con la inteligencia, la cual se usa para definir la capacidad adaptativa, la eficiencia y la flexibilidad en la resolución de problemas a través de varios dominios, presentándose desde la educación y la experiencia. La reserva cerebral y la cognitiva interactúan entre ellas, por ejemplo, una mayor reserva cognitiva, entendida como las estrategias y habilidades conseguidas gracias a un alto nivel educativo y ocupacional, hace tener un mayor número de neuronas y densidad sináptica (véase Rodríguez Alvarez y Sánchez Rodríguez).

Existen dos estudios que se han centrado en el análisis prospectivo del papel desempeñado por las actividades cognitivas en la edad media sobre el riesgo de sufrir demencia en el caso de la enfermedad de Alzheimer (Crowe et al., 2003; Carlson et al., 2008). Ambos estudios incluyen un análisis doble con el propósito de someter a control el papel de la genética y del entorno no controlado de las primeras etapas de la vida. En ambos casos, se sugiere que una mayor participación en actividades cognitivamente estimulantes se asocia a una disminución del riesgo de sufrir demencia y de padecer la enfermedad de Alzheimer en las mujeres.

Participar en actividades mentalmente estimulantes puede considerarse como la estrategia más directa para aumentar la reserva cerebral mediante la inducción de neurogénesis y sinaptogénesis, el aumento de la reactividad sináptica del hipocampo, la mejora de la vascularización cerebral, la disminución del depósito de Aβ en el cerebro, la reorganización de redes neurocognitivas, la atenuación de las reacciones adversas de las hormonas del estrés en el cerebro y la modificación de la asociación entre la densidad de las lesiones de la sustancia blanca, que refleja microangiopatía, y el rendimiento cognitivo (Hughes & Ganguli, 2010).

Aunque los resultados de los estudios son prometedores, se carece de datos suficientes para establecer una lista específica que incluya las actividades cognitivas particulares a realizar, su frecuencia, su dosificación y su duración, de modo que se puede ofrecer protección suficiente contra la demencia.

 

Hasta luego y buena suerte.

 

 

Referencias

  • Hughes T, Ganguli M. Factores de riesgo de demencia en la vejez modificables en las etapas medias de la vida. Rev Neurol 2010; 51: 259-62.
  • Rodríguez Álvarez M, Sánchez Rodríguez JL. Reserva cognitiva y demencia, Anales de psicología, 2004; 20(2): 175-186.
  • Crowe M, Andel R, Pedersen NL, Johansson B, Gatz M. Does participation in leisure activities lead to reduced risk of Alzheimers disease? A prospective study of Swedish twins. J Gerontol B Psychol Sci Soc Sci 2003; 58B: 249-55.
  • Carlson MC, Helms MJ, Steffens DC, Burke JR, Potter GG, Plassman BL. Midlife activity predicts risk of dementia in older male twin pairs. Alzheimers Dement 2008; 4: 324-31.

La felicidad y sus caminos

La felicidad puede ser considerada de múltiples maneras, como también son múltiples los caminos que a ella conducen. En esta nota recogeremos de la mano de Ferran Salmurri y de su libro Libertad emocional (Paidos, 2004), una forma de entenderla y algunas pistas para procurársela.

La felicidad

La felicidad es, entre otras cosas, una situación psicológica que proporciona sensaciones placenteras y modula de manera agradable y positiva la recepción y la interpretación de los impulsos recibidos del entorno, del almacenase de la memoria o de los propios receptores corporales.

La felicidad se asocia con

  • La autoestima
  • El autocontrol de la conducta
  • El autocontrol emocional
  • El estilo cognitivo
  • Las relaciones con los demás.

Autoestima

La autoestima es el valor emocional, el aprecio y la consideración que nos damos a nosotros mismos, a nuestra propia identidad como persona. Contribuye a sentirnos responsable ante nosotros mismos, ante nuestros actos; a aceptar que nuestra conducta depende de nuestras propias elecciones y no de las circunstancias externas que nos envuelven.

La autoestima no es innata. Por el contrario, puede formarse por medio de:

  • La autovaloración. Es decir, la valoración de nuestra propia vida, de cómo nos va en la vida en relación con nuestras expectativas. Valoramos en función de las expectativas; por ello, es conveniente que éstas estén bien ajustadas.
  • La información sobre nosotros que recibimos de los demás. Los demás nos remiten una serie de informaciones sobre nosotros mismos. Nosotros podemos “controlar” determinados elementos que los demás utilizan para formular y emitir dicha información.
  • El estilo cognitivo que utilizamos para evaluarnos. Es decir, en qué medida somos capaces de reconocer en nosotros aspectos positivos o no. Una conducta positiva es fundamental, teniendo en cuenta que ello no significa ser ingenuo.

Solemos evaluarnos acerca de

  • La aceptabilidad o rechazo por parte de los demás
  • Experimentación de sentimientos positivos en las relaciones sociales
  • En qué medida nuestras expectativas son realistas
  • Somos capaces de alcanzar un satisfactorio nivel de realización (de adecuación a las expectativas).

Autocontrol de la conducta

La felicidad suele acompañarse de un mejor autocontrol de la propia conducta. Es decir, las personas felices suelen llevar a cabo con mayor frecuencia y a buen puerto aquello que se proponen. La conducta se refiere al modo en que nos comportamos, cómo gobernamos nuestra vida y dirigimos nuestros actos.

El autocontrol de la conducta es la capacidad para dirigir la propia conducta hacia donde uno decide; la capacidad de realizar y llevar a la práctica los propios propósitos. La conducta dirigida por objetivos parece ser importante (Véase la entrada “Introducir el cambio en la vida cotidiana“).

Este autocontrol de la conducta exige también una autoeficacia; es decir, el juicio sobre nuestras capacidades para organizar y ejecutar actor y acciones que nos permitan alcanzar nuestros objetivos y el rendimiento deseado.

Las dificultades para la mejora en el autocontrol de la conducta provienen de:

  • La falta de hábitos adecuados de esfuerzo y constancia
  • La impulsividad: el hábito de actuar sin evaluar las consecuencias del propio comportamiento y sus diferentes opciones
  • Los pensamientos negativos que aparecen en el momento de realizar un esfuerzo o de ponerse a ejecutar una acción
  • Las creencias sociales comunes en relación con el esfuerzo, el trabajo y la perseverancia en el sentido de que están reñidos con la felicidad.

Autocontrol de la conducta y autoestima se relacionan directa e indirectamente. Se trata de una relación que depende mucho del lenguaje que empleemos con nosotros mismos, de qué palabras utilicemos para describirnos y para valorarnos.

Autocontrol emocional

Las personas más felices suelen disponer de un mejor autocontrol emocional, un estado de ánimo alto y estable. Estas personas no pierden el control con facilidad, no se suelen ver afectadas por los pequeños acontecimientos cotidianos de la vida, los resuelven fácil y rápidamente, y, tal vez por ello, no tienen un sufrimiento emocional cotidiano, ni tampoco un sufrimiento excesivo. Muestran una menor variabilidad en su estado de ánimo y sus sentimientos y emociones son más estables.

El autocontrol emocional es la capacidad para dirigir el propio estado de ánimo, los propios sentimientos y emociones; es disponer de la capacidad de control para lograr una estabilidad emocional.

Un buen autocontrol emocional comporta estabilidad y control de las circunstancias estresantes. Las experiencias estresantes también están especialmente motivadas por nuestros propios pensamientos, por la percepción que tenemos de los acontecimientos. Las experiencias estresantes procedentes de nuestro pensamiento depende, en gran medida, de los hábitos mentales, de nuestro estilo cognitivo.

Estilo cognitivo

Hemos hablado del autocontrol y la autoeficacia de la conducta, pues bien la conducta humana está mediada por la cognición.

La cognición se refiere al conocimiento, la apreciación, la percepción, la imagen y la evaluación. Hace referencia a la facultad de las personas para procesar información a partir de la percepción, el conocimiento adquirido (por medio de la experiencia o de otras personas) y características subjetivas que permiten valorar y de la información.

Un estilo cognitivo positivo se asocia con la felicidad. Esto es, la autopercepción de felicidad se acompaña de una percepción más frecuente de los aspectos positivos de los acontecimientos o de los comportamientos propios y ajenos. Las personas felices no suelen anticipar acontecimientos negativos; tampoco suelen tener pensamientos negativos, catastróficos o exagerados.

Relaciones con los demás

Las personas más felices mantienen amplias y positivas relaciones con las otras personas, tanto en términos de calidad como de cantidad. No perciben negativamente ningún encuentro, no les molesta estar con los demás. Ello no quiere decir que busquen enloquecidamente estar rodeados de otras personas. Significa que buscan aprovechar satisfactoriamente el encuentro con otras personas, explorar el lado interesante que puede tener una relación con los demás.

En las relaciones con los demás, la empatía es un concepto importante. Se refiere al grado de sintonía afectiva con los demás y con el ambiente circundante. Es la capacidad para percibir correctamente la experiencia de otra persona y, en consecuencia, para tener presentes sus sentimientos, emociones y necesidades. Es la capacidad de ponerse en el lugar de otro.

En definitiva, la autoestima, el autocontrol de la conducta, el autocontrol emocional, el estilo cognitivo y las relaciones con los demás son un buen camino para procurarnos la felicidad.

Hasta luego y buena suerte.

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Crédito de las fotografías: ©Microsoft.

Motivación, motivos y sus explicaciones (2)

Sage (1977) definió la motivación como el proceso que determina el origen, la dirección y la persistencia de una determinada conducta. La motivación puede también definirse como un proceso interno que activa, dirige y mantiene la conducta hacia un objetivo por lo que dicho proceso conduce a las personas a dirigir sus esfuerzos a alcanzar una meta. Dicha dirección se acompaña de un grado de intensidad determinado para su consecución (Cashmore, 2002).

Por ejemplo, en psicología del deporte, la motivación se define como “el factor disposicional que depende de ciertas características del sujeto, como su condición (física y psíquica) actual o su biografía (gustos, preferencias, etc.), así como de objetos o eventos a los que tiende a acercarse o a alejarse(…), que aumentan o disminuyen en cada momento el valor motivacional, así como de las relaciones -actuales e históricas- de ese individuo con sus motivos particulares” (Dosil y Caracuel, 2003, pp. 176). Esta definición supone diferenciar entre motivación y motivos.

Los motivos serán las causas o razones específicas de las personas que explican el inicio, cambio o detención de una conducta así como el grado de intensidad de la misma. La motivación hará referencia a los procesos psicológicos básicos que explican, precisamente, porque los diferentes motivos actúan diferencialmente en los comportamientos motivados; es decir, por qué y cómo los motivos nos motivan (Cantón, 1999a).

Las teorías motivacionales que realizan una explicación motivacional centrada en actividad tales como el deporte son fundamentalmente cuatro:

  • la teoría de la motivación de logro,
  • la teoría de la motivación intrínseca-extrínseca,
  • la teoría atribucional y
  • la teoría de la autoeficacia.

La motivación de logro

Desde el enfoque de la teoría de la Motivación de Logro (Atkinson, 1957, McClelland, 1961), la motivación depende de cómo se combinen los componentes motivacionales. Entre los componentes de la motivación encontraremos

  • los factores personales o de personalidad,
  • los factores situacionales y
  • la interacción de los mismos (Dosil, 2004; Weinberg y Gould, 1996).

Con respecto a los factores personales, las personas tienen fundamentalmente una de las dos orientaciones de logro: alcanzar el éxito o evitar el fracaso. Alcanzar el éxito se correspondería con la capacidad de sentir orgullo o satisfacción al realizar una actividad. Por otra parte, evitar el fracaso se relacionaría con la capacidad de sentir vergüenza como consecuencia del fracaso. Nuestra conducta, según esta teoría motivacional, estará influida por el equilibrio entre ambos motivos.

Ilustración 1.- Factores personales de la motivación

El segundo componente de esta aproximación teórica está constituido por los factores situacionales que incluyen la probabilidad de éxito en la situación o en la tarea: dependerá de quién sea el adversario, de la dificultad de la tarea y el valor del incentivo, entendido éste como el valor que la persona le otorga.

El tercer componente incluye las tendencias resultantes de la interacción, las cuales se manifestarían en la búsqueda de éxito o la evitación del fracaso, con sus consiguientes reacciones emocionales de orgullo por ganar o vergüenza por perder.

La conducta de logro será el resultado de la interacción de los diferentes componentes y en función de la combinación de éstos, el individuo preferirá realizar un tipo de tareas u otras, con mayor o menor grado de riesgo (Atkinson, 1957, McClelland, 1961).

La motivación intrínseca y la motivación extrínseca

Según la teoría de la Motivación Intrínseca-Extrínseca (Deci y Ryan, 1985), las personas con una motivación interna presentan una alta curiosidad, combinada con una clara tendencia a explorar el entorno y emprenden las actividades sin necesidad de recibir gratificaciones externas. Por el contrario, las personas con motivación extrínseca pueden requerir la presencia de recompensas externas para continuar con su actividad. Así, las recompensas cumplen las funciones bien de control o bien la función informativa.

(Sobre la motivación intrínseca y extrínseca, véase la entrada “Aprendizaje, motivación y estrategias de estudios“).

La teoría atribucional

La Teoría de la Atribución (Heider, 1958; Weiner, 1972) considera que los individuos interpretan su conducta y valoran los resultados de las mismas (éxito/fracaso) en función de las atribuciones que hacen de la misma conducta: cómo se interpreta el éxito y el fracaso.

Weiner considera que, en general, las personas suelen referirse a cuatro conjuntos principales de atribuciones para sus éxitos y sus fracasos: la capacidad, el esfuerzo, la suerte y la dificultad. Estos factores son clasificados según su variabilidad o estabilidad, y según su causa interna o externa. A su vez, pueden clasificarse también bajo la perspectiva de la controlabilidad, que posibilita la distinción entre elementos que las personas creen que están bajo su control y los que no lo están.

Ilustración 2.- Conjunto de atribuciones motivacionales para el éxito o el fracaso

  • La estabilidad hace referencia a que atribuyamos a una causa un carácter relativamente permanente o no y, por tanto, que sea percibido como estable o inestable.
  • El origen o localización de la causa remite a factores internos (uno mismo) o a factores externos (ajenos a la propia persona). Un éxito atribuido a causas internas se refleja en sentimientos de orgullo y confianza, mientras que en las atribuciones externas del éxito, los sentimientos experimentados serán de sorpresa.
  • En el caso de la controlabilidad, la persona considera en qué medida puede controlar la causa de un determinado hecho o, en qué grado se trata de un factor sobre el cuál no existe posibilidad de intervenir. Las personas que consideran que su ejecución es debida a los factores sobre los que tienen control, como el esfuerzo, experimentan mayores reacciones emocionales positivas que aquellos que piensan que su ejecución no está relacionada con su control (McAuley, Russell y Gross, 1983).

En función del tipo de atribuciones que realice la persona y de la forma en que se combinen las dimensiones atribucionales, éstas explicarán sus éxitos y sus fracasos de forma diferente, con la consiguiente influencia sobre su motivación posterior.

Ilustración 3.- Perspectivas de la atribuciones de la motivación

La teoría de la autoeficiencia

La Teoría de la Autoeficacia postula que la motivación para llevar a cabo una actividad aumenta cuando las expectativas de que una determinada conducta puede llevar a unos resultados específicos, más cuando éstos son altamente valorados (Bandura, 1986). Las personas buscan y esperan optimizar sus resultados, independientemente de sus probabilidades reales. Las expectativas se fundamentan en la percepción que tiene la persona sobre su capacidad para enfrentarse con éxito (o no) las diferentes tareas, obteniendo en función de ello un mayor o menor grado de autovaloración; es decir, nos estamos refiriendo a las variables autoeficacia y autoestima.

Según la teoría de la autoeficacia, las expectativas son básicamente de dos tipos: expectativas de autoeficacia y expectativas de resultados.

  • Las expectativas de autoeficacia, son las creencias que tiene la persona acerca de sus propias capacidades para llevar a cabo con éxito un determinado comportamiento.
  • Las expectativas de resultado hacen referencia a la creencia que tiene la persona de que un determinado comportamiento irá seguido de unas determinadas consecuencias.

Ambos tipos de expectativas influyen en la posterior conducta motivada.

En la elaboración de las expectativas, la persona recibe la información para crear sus expectativas de cuatro fuentes:

  • sus logros de ejecución o propias experiencias de capacidad;
  • el modelado o aprendizaje por observación;
  • la persuasión verbal; y,
  • la interpretación de los cambios fisiológicos o arousal emocional (Weinberg y Gould, 1996).

 

Hasta luego y buena suerte.

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