Ataque de pánico financiero

Luca Coge, E. Furió

Estos días de mayo de 2012, los titulares de diferentes medios de comunicación recogen la noticia de que los ciudadanos griegos están retirando el dinero que tienen depositado en las entidades bancarias para tenerlo guardado en sus casas. ¿Son éstas unas situaciones de pánico? ¿Guardan relación con los ataques de pánico y de ansiedad de que hablan los psicólogos? Para relacionar ambos temas primero tenemos que describir cada uno de ellos. En esta entrada nos ocuparemos de los pánicos financieros y bancarios.

Volviendo al pánico financiero, en el caso de Grecia, la razón más probable de este comportamiento es que los depositarios anticipen una salida de Grecia de la zona euro y la sustitución, en su país, del euro por una nueva moneda nacional un nuevo dracma.

Si esto tuviese lugar, los ciudadanos griegos anticipan también toda una serie de depreciaciones consecutivas del dracma frente al euro, con la consiguiente y continua pérdida de poder adquisitivo de la moneda griega y el empobrecimiento todavía mayor del país. Para evitar ser pobre o paliar el nivel de pobreza, conviene tener una moneda fuerte, en este caso el euro, y desprenderse de la moneda débil, el dracma. Y, esto es lo que persiguen los griegos que retiran sus euros de los bancos.

Estas circunstancias suelen visualizarse por las largas colas de los depositarios ante las puertas de los bancos con el propósito de retirar su dinero. Estas circunstancias también tienen lugar cuando lo que esta en juego no es el sistema monetario nacional sino una o varias entidades bancarias. En este caso, los clientes de una o varias entidades bancarias quieren retirar sus depósitos de los bancos en crisis para colocarlos en otros más fiables.

El 14 de septiembre de 2007, el banco escoses Northern Rock solicitó al Banco de Inglaterra un apoyo financiero para hacer frente a los de problemas derivados de la crisis de las hipotecas subprime de los Estados Unidos. El 22 de febrero de 2008, el banco fue nacionalizado ante la incapacidad de responder a sus ahorradores y por el riesgo de quiebra.

Cuando la retirada de fondos afecta a todo el sistema monetario nacional, los gobiernos suelen tomar la decisión de bloquearlos e impedir la retirada de los mismos. Básicamente, por dos razones, por un lado porque la propia retirada de fondos agrava la situación de liquidez de los bancos y confirma los temores de los depositarios. Estos quieren retirar sus fondos porque temen que el banco no tenga suficiente liquidez para, en un momento dado, devolverles el dinero, pero al retirar anticipadamente los fondos, eliminan toda la liquidez del banco y, con ello, confirman sus temores.

La otra razón para bloquear legalmente los depósitos por parte del gobierno, es evitar la huida de capital. De acuerdo con los medios de comunicación, una parte de la población griega poseen cuentas en Suiza por un valor de 280.000 millones de euros, lo que representa 120% del PIB griego. En diciembre de 2001, el gobierno argentino restringió la libre disposición de dinero en efectivo de plazos fijos, cuentas corrientes y cajas de ahorros. El objetivo que se perseguía con estas restricciones era evitar la salida de dinero del sistema bancario y del país, intentando evitar así una ola de pánico bancario y el colapso del sistema. El periodista argentino Antonio Laje denominó a esta situación con la expresión de “el corralito”, cuyo uso se extendió a toda la comunidad hispanohablante para describir las situaciones de pánico bancario y financiero.

En conjunto, este tipo de circunstancias se denominan pánicos financieros o bancarios. Pero, la cuestión que me gustaría tratar es qué relación existe entre estas situaciones de pánico financiero y los ataques de pánico o crisis de angustia. ¿Los pánicos financieros pueden asimilarse a crisis de angustia generalizados con idénticos síntomas fisiológicos pero generalizados? En las próximas entradas abordaremos está cuestión. Previa a la búsqueda de esta relación, era necesario presentar el pánico bancario y financiero. Y, este es el propósito de esta entrada.

Hasta luego y mucha suerte.

  1. Referencias

Ilustración 1: http://www.ssa.gov/history/bank.html

Ilustración 2: Lee Jordan, http://flickr.com/photo/30249912@N00/1393780566

Comportamiento económico: aprendizaje vicariante y efecto rebaño en las burbujas económicas

L. Coge & E. Furió

El aprendizaje Vicariante u observacional se produce cuando un animal observa a otro animal realizar una tarea aprendiendo entonces esta tarea más rápidamente. En el ser humano, este tipo de aprendizaje se aplica a la forma en que imitamos y seguimos ejemplos, aprendemos de experiencias ajenas y direcciones simbólicas para desarrollar habilidades y alcanzar objetivos. Por eso también se denomina aprendizaje social.

En el aprendizaje vicario, el refuerzo es de otra índole y se basa en procesos imitativos cognitivos del sujeto que aprende con el modelo. En los primeros años, los padres y educadores serán los modelos básicos a imitar. El refuerzo es el estímulo que refuerza una conducta. Es cualquier consecuencia o acontecimiento que, cuando se hace contingente respecto a una respuesta previa, aumenta la probabilidad de que esa respuesta aparezca de nuevo en el futuro. El refuerzo puede ser intrínseco o extrínseco, positivo o negativo. El reforzador, igual que los estímulos aversivos se define en función de su efecto sobre la conducta, no por sus características inherentes. Es decir, aunque un estímulo pueda ser considerado en general como reforzador no lo será en los casos en que no haga más probable una conducta.

Son muchos los ejemplos de cómo los niños observan e imitan a sus padres y aprenden de lo que les sucede a sus hermanos, cuando éstos son regañados o premiados, y entonces rigen su actuación con base en sus observaciones. Así se aprenden los valores y las normas sociales —que son adecuadas o no según cada cultura-, cómo manejar los impulsos agresivos, cómo prestar y compartir las cosas,… Estos procesos se dan toda la vida.

El aprendizaje vicariante se diferencia del aprendizaje activo. Éste consiste en una adquisición de conocimientos gracias a la realización de actividades, es una aprender haciendo. En contraste, el aprendizaje vicario es aprender a partir de la observación de lo que los otros hacen. Por la mera observación de las acciones de los otros y de las consecuencias que éstas comportan, se aprender a repetir o evitar esa conducta o una acción.

Albert Bandura sostiene que al ver las consecuencias positivas o negativas de las acciones de otras personas, las llevamos como si fueran fruto de nuestra propia experiencia en otras circunstancias. Podemos recrear las consecuencias posibles de diferentes cursos de acción sin necesidad de esperar a llevar a cabo previamente esas acciones, basta con la observación de las demás. Esto es significativamente importante cuando las motivaciones de nuestras acciones son expectativas sobre el futuro: resultados deseados, estados o situaciones que queremos alcanzar; cuando las causas de nuestras acciones son los efectos esperados de las mismas.

Observar a los demás, sus acciones y los resultados que de ellas obtienen es un atajo muy utilizado en los procesos de toma de decisiones. Puede contemplarse como un tipo particular de analogía. Haciendo uso de una presentación bastante común y extendida, podemos considerar la analogía como una comparación o una relación entre distintas ideas objetos o experiencias, de la cual obtenemos razonamientos o conductas sobre la base de la presencia de semejanzas entre ellas. La particularidad del aprendizaje vicariante es que tomamos la experiencia ajena para confeccionar las analogías.

El aprendizaje vicariante actúa, pues, como un recurso útil en la toma de decisiones pues hacemos uso del mismo cuando tenemos que tomar rápidamente una decisión o cuando no tenemos la suficiente información o la suficiente capacidad para procesarla. Un ejemplo bastante común y por muchos conocido es cuando acudimos con retrasado a una reunión de vecinos de modo que cuando entramos se está a punto de iniciar la votación a brazo alzado y tenemos que tomar rápidamente la decisión del sentido de nuestro voto sin saber sobre que se está votando, tal vez decidamos abstenernos. Pero también, puede ocurrir que veamos levantar la mano al vecino del tercero con quien coincidimos siempre que hay que tomar una decisión en la comunidad de vecinos o quien atribuimos un elevado y correcto juicio en la toma de decisiones, en este caso con mucha seguridad levantaremos la mano y votaremos lo mismo que él, pues consideramos que es una decisión con altas probabilidades de ser acertada.

Se trata de un ejemplo de analogía o de aprendizaje vicariante. Este tipo de actuación está muy extendida en todos los ámbitos. En el caso de la toma de decisiones públicas, basta recordar que la decisión del gobierno español de suprimir la publicidad en la televisión pública tuvo lugar poco tiempo después que el gobierno francés tomase el mismo tipo de decisión. Es cierto que puede tratarse de una simple coincidencia de calendario, pero es muy probable que se trate de un aprendizaje vicariante actuando en el terreno de la política pública.

En un terreno donde es especialmente importante este tipo de comportamientos en el ámbito económico. Una importancia que puede desprenderse bien su frecuencia o del alcance de sus consecuencias y que ha propiciado que tenga un nombre propio. Veámoslo.

El aprendizaje vicariante es particularmente importante cuando existen problemas de falta de información o incertidumbre sobre el estado actual o futuro (recuérdese nuestra anterior reunión de vecinos). Cuando estamos en situaciones de falta de información, o nos sentimos incapacitados para analizar la situación o la información disponible, en lugar de proceder por medio de un aprendizaje activo, puede resultar una buena estrategia hacer uso del aprendizaje vicariante y tomar en consideración las acciones de los demás que han conducido a resultados que considerados positivos o deseables. Es en situaciones de este tipo cuando surge lo que los economistas han dado en llamar comportamiento de rebaño o efecto rebaño (“herd behavior”).

El comportamiento de rebaño es particularmente importante en las burbujas económicas y, en particular, en las crisis financieras. Ha sido formalizada por Gwynne (1986), Banerjee (1992) y Scharfstein y Stein (1990). Estos dos últimos autores se han centrado en aplicaciones relativas los mercados financieros.

En estos casos, se establece la distinción entre inversores listos e inversores tontos. Los primeros reciben buenas señales informativas respecto del valor de una inversión, mientras que los segundos sólo reciben señales de ruido. A priori, es difícil, cuando no imposible, reconocer a unos otros. En cambio, a posteriori, una vez realizadas las inversiones en el mercado y conocidos los resultados obtenidos de las mismas, sí que podemos diferenciar unos de otros: si el inversor ha realizado una inversión rentable lo etiquetaremos de listo, pero si sus resultados son mediocres o negativos formará parte del grupo de los tontos. Si de repente un inversor que consideramos listo toma la decisión de deshacer todas sus posiciones en la bolsa, sin que aparentemente exista motivo alguno o nosotros lo desconozcamos, es muy probable que otros inversores actúen por analogía o sobre la base de un aprendizaje vicariante. Cuanto mayor sea el número de estos imitadores es más probable que otros se incorporen a las decisiones de venta. Los precios se hunden sobre todo por razones psicológicas y el mercado de valores se instala en una situación de crisis.

No obstante, el problema de este criterio de catalogación es que nos basamos en la experiencia pasada. Es cierto que lo mismo hacíamos antes con nuestro vecino y que es un criterio que frecuentemente se utiliza. Si existe un comportamiento de los valores que es sistemáticamente no predictible, es muy difícil distinguir a los inversores listos de los inversores tontos. Podemos pensar que en estos casos nos quedamos sin aprendizaje vicariante. La respuesta es que no, pues en estos casos podemos considerar como criterio para diferenciar a unos inversores de otros el grado de similitud que existe entre su comportamiento. Se trata que la diferenciación en la conducta penaliza la imagen que proyecta el inversor. Una inversión no rentable no es tan mala para su reputación cuando otros incurren en la misma equivocación. Los inversores listos tiende a recibir las mismas señales, mientras que los tontos no, por tanto, si un inversor mimetiza el comportamiento de otros, sugiere al mercado que ha recibido una señal que está en correlación con la suya propia por lo que es muy probable que sea listo. Si, por el contrario toma una posición contraria se le percibe como posiblemente tonto. De esta manera, si la información privada de un inversor le dice que una inversión puede tener un valor futuro negativo puede, sin embargo, llevarla a cabo si otros lo han hecho ya antes que él.

Un último aspecto interesante en esta relación entre el aprendizaje vicariante y la economía consiste en introducir las emociones. La función expresiva de las emociones juega también otro rol no menos importante en el aprendizaje vicariante y por ente en los mercados. Dado que una gran parte de la experiencia emocional adquiere en forma de aprendizaje vicariante; por ejemplo, que a veces cuando vemos a una persona asustada, nos asustamos también, sin conocer la causa de ese susto. La capacidad de las emociones en cierto modo de «contagiar» a los demás, es la base de la adquisición de la experiencia emocional propia, y también de ciertos fenómenos masivos, como por ejemplo lo es el pánico masivo,… o el pánico en los mercados financieros.

Hemos tratado la relación entre aprendizaje vicariante y crisis financieras. Conviene resaltar que los resultados que podemos alcanzar gracias al aprendizaje vicariante no son siempre adversos en absoluto. También interviene en otros casos con resultados mucho más favorables.

Un aspecto importante de estas notas es la necesidad de diferenciar más finamente entre aprendizaje vicariante y analogía. Pero de esto nos ocuparemos en una próxima entrada.

Hasta luego y buena suerte

España: el ajuste económico continúa

El ajuste en la economía española ante la primera crisis económica del siglo XXI está siendo más severo que en el resto de las principales economías occidentales. Es cierto que la fase de crecimiento también fue más prolongada e intensa en España. Pero lo más sobresaliente en este final de 2009 es que todo parece confirmar que el próximo año la economía española seguirá instalada en el decrecimiento. Los factores principales del crecimiento fueron la adquisición de viviendas y el consumo familiar. La situación actual de ambos y las previsiones para un futuro inmediato no son nada favorables. De hecho, se puede tener la impresión de que a los españoles les gusta hacer las cosas con determinación: durante el período de crecimiento, el gasto en consumo y en adquisición de viviendas aumentaba a un ritmo superior al de los ingresos provocando un aumento del endeudamiento; ahora, durante la recesión, la contracción del gasto ha sido superior a la de los ingresos.

Es cierto que durante el último año el sector público han pasado a jugar un papel activo en la economía y que el sector exterior ha dejado de restar puntos al crecimiento gracias a la caída en las importaciones. Sin embargo, es difícil pensar que vayan a reemplazar a los dos la demanda de vivienda y de consumo como motores de crecimiento. En el caso del gasto público, el fuerte crecimiento del déficit y de la deuda pública evidencia que las posibilidades de mantener un ritmo expansivo del gasto público si aumentar los impuestos son inexistentes. En el caso del sector exterior, las importaciones seguirán contrayéndose a medida que lo haga la economía y volverán a crecer cuando la economía española recupere la senda del crecimiento económico. En lo que respecta a las exportaciones, el análisis detallado nos llevaría a extendernos en exceso. Digamos solamente que sin el respaldo de una fuerte expansión de las economías de los socios comerciales y de una firme depreciación, es difícil confiar en una firme expansión de las exportaciones capaz de alimentar la recuperación. España forma parte de la zona euro, y por ello, no es posible una depreciación de la moneda. El equivalente que sería una fuerte reducción de costes o un importante incremento de la productividad no parece que vayan a producirse tanto por razones socioeconómicas como técnico-económicas.

Además, diferentes indicadores apuntan a que el ajuste en el sector de la construcción todavía no se ha completado. La caída de los precios no se ha agotado, en parte, por el exceso de oferta, pero también por la apatía de la demanda. La reducción de los precios de la vivienda todavía no alcanzado los niveles de crisis anteriores.

La ley de la economía sostenible parecía una buena ocasión para establecer la senda de un nuevo modelo de crecimiento. Pero parece ser que las ocasiones cada vez son más escasas.

Hasta luego y buena suerte.

El precio de los productos y la acción a favor de la competencia

El instituto de estadísticas de Francia, el INSEE, acaba de publicar una nota sobre el comportamiento de los precios en la gran distribución. Los precios de los productos de gran consumo se han reducido durante el último mes. Pero detrás de esta tendencia general se esconde un comportamiento desigual entre los hipermercados y los supermercados. Mientras que en los primeros los precios son estables o crecen ligeramente, en los segundos se reducen. Si durante el período previo a la crisis, los precios crecían más deprisa en los pequeños establecimientos, ahora la caída es mayor en estos. En los restantes establecimientos, no incluidos en la categoría de gran distribución, los precios aumentaron durante la expansión en mayor medida.

Da la impresión que los movimientos de precios a la baja, para los consumidores, no sea la característica fundamental de nuestro sistema económico. A nadie se le escapa que en este comportamiento de los precios no es ajeno el tamaño de los distintos establecimientos de distribución.

En cierto que existe toda una gama de productos, en los cuales no se han producido reducciones de precios y sí mejoras en la calidad de los productos. Éste es el caso, por ejemplo, de los ordenadores y de los teléfonos móviles. Durante los últimos años, los avances en la capacidad de los ordenadores han ido más deprisa que el aumento de los precios. Sin embargo, todavía subsisten algunos aspectos sorprendentes en el comportamiento de los precios de los productos manufactureros de consumo. Por ejemplo, un i-phone libre cuesta en USA 99 $, mientras que en Francia o España el precio supera los 500 €. Lo cual evidencia que todavía existe un amplio margen para la acción a favor de una mayor competencia.

Hasta luego y buena suerte.

 

Depresiones, productividad y acción gubernamental

En el libro publicado en 2007 por la Reserva Federal de Minneapolis, Great Depressions of the Twentieth Century, se presenta una serie de estudios llevados a cabos por diferentes economistas sobre las grandes depresiones en América del Norte, Europa Occidental, América Latina y Japón. La edición del estudio corrió a cargo de Timothy J. Kehoe y Edward C. Prescott. La idea central de este estudio comparativo es que la reducción de la productividad juega un papel importante a la hora de explicar la depresión. Tanto en la depresión que sufrió Estados Unidos a partir de 1929 como la sufrida, en los años ochenta, por los países latinoamericanos, las caídas del producto siempre se encuentran acompañadas por disminuciones importantes de la productividad.

Para los autores, la reducción productividad está detrás de las depresiones. Pero el factor fundamental, en su opinión, corresponde a las malas políticas gubernamentales. Su hipótesis es que, en tanto que una multiplicidad de choques puede conducir a una economía a las habituales fluctuaciones cíclicas, corresponde a la excesiva reacción del gobierno la transformación de los movimientos cíclicos en prolongadas y profundas depresiones.

Durante buena parte de la fase de expansión económica reciente, la economía española se ha caracterizado por un peor comportamiento de la productividad que los Estados Unidos o los restantes grandes países europeos. Los factores determinantes de este mal comportamiento hispánico se encuentran en diferentes frentes. Por una parte, el propio perfil sectorial del crecimiento permite explicar una parte de la baja productividad española. La expansión económica ha sido alimentada por el auge de la actividad inmobiliaria. Una actividad que intrínsecamente no tiene porque se de baja productividad, pero sí que lo es en el caso español. Además, por un lado, el movimiento migratorio al aumentar la oferta de trabajo ha contribuido a mantener los salarios comparativamente bajos y, por otro, los procesos especulativos ha disparado el precio del activo; y, ambos conjuntamente ha eliminado cualquier incentivo para aumentar la eficiencia, la calidad y la productividad de la producción de inmuebles.

En segundo lugar, los bajos niveles de dotación de capital por trabajador, especialmente de capital tecnológicamente avanzado y el bajo esfuerzo de I&D de las empresas y de la economía española permiten también explicar el mal comportamiento de la productividad española. Hay que tener presente que buena parte de la inversión llevada a cabo en la economía española durante los últimos años se corresponde a la vivienda, otras construcciones y medio de transporte. En cambio, la inversión en maquinaria o en TIC tiene un escaso peso.

En tercer lugar, se encuentra el capital humano. Es cierto que nunca la sociedad española tuvo tantos estudiantes y titulados universitarios como ahora. Sin embargo, buena parte de éstos están desempeñando trabajo diferentes para los que se formaron, o simplemente sus puestos de trabajo actuales –por diferentes razones- no les permiten desarrollar toda sus capacidades productiva. Pero también debe tenerse en cuenta que la formación no es sinónimo de estudios universitarios. Existen amplias capas de trabajadores cuyos niveles formativos son muy inferiores a los necesarios. Y, por último, es necesario también destacar que imperativo introducir ciertos cambios en los modelos pedagógicos que otorguen una mayor relevancia al saber hacer frente al actual predominio de la acumulación de conocimientos.

Existen otras razones que están detrás del mal comportamiento de la productividad en España (como por ejemplo, la existencia de problemas de medida del output). No obstante, si fuese posible abordar correctamente los tres citados, estoy convencido que se lograrían avances muy significativos.

H. Minsky y las crisis financieras

La crisis financiera de agosto de 2007 es en primera instancia una crisis de los créditos hipotecarios a alto riesgo (subprimes). Sin embargo, en tanto que mercado se trata de un mercado con un tamaño relativamente; representa el 5 % de la capitalización bursátil. La relevancia de estos créditos se encuentra en que constituyen un componente importante de los desequilibrios financieros mundiales.

En primer lugar, conviene tener en cuenta que la crisis financiera tiene lugar en un contexto que ha sido denominado “la paradoja de la tranquilidad”: la fragilidad del sistema financiera es al mismo tiempo el resultado de sus propios logros resultado de la liberalización financiera, la integración económica mundial y la lucha contra la inflación de los bancos centrales. H. Minsky considero en los años setenta que las crisis de endeudamiento tiene lugar en contextos en que los agentes económicos (familias, empresas,…) se benefician del crecimiento económica y de la reducción de los tipos de interés para incrementar sus niveles de endeudamiento más allá de los estrictamente razonable. En consecuencia, cualquier movimiento alcista en los tipos de interés, cualquier restricción a la liquidez convierte el nivel de endeudamiento razonable en sobreendeudamiento.

Para Minshy, los incentivos que supone el endeudamiento cuando la tasa de interés es baja pueden convertir un sistema financiero estable y robusto en otro frágil y volátil. La fase de euforia suele ir acompañada de sobrevaloración de activos, de búsqueda de mayor rentabilidad, de nuevas oportunidades de inversión, de apalancamiento y operaciones de compraventa rápidas.

El aumento del crédito, según Minsky, lleva inexorablemente al aumento de la tasa de interés, que finalmente se sitúa por encima de la tasa de beneficio. En un contexto de tipos de interés alto, cuyas consecuencias dependen del grado de cobertura de los agentes. En ese momento se produce una contracción del crédito (o credit crunch), pues el sector prestamista deberá ampliar sus márgenes de seguridad. Los valores financieros y otros activos, por tanto, entran en un periodo de volatilidad, incluso para aquellas empresas que son solventes (que incluso podrían verse obligadas a vender sus activos más productivos para encontrar liquidez), pues la tasa de interés al alza afecta a todas por igual. El aumento del interés se traslada a los precios y se reduce inevitablemente la tasa de beneficio, creándose un círculo vicioso que desencadena la crisis.

Minsky advirtió que la sofisticación de los instrumentos financieros y su globalización comportan un aumento en la complejidad de los mercados financieros, lo cual supone una fuente de riesgo para la estabilidad financiera.

Por otra parte, la expansión de la liquidez comporta una reducción de los rendimientos de las obligaciones y una caída general de las primas de riesgo, los mercados integran de este modo el éxito de las políticas antinflacionistas de los bancos centrales. Se abre así un período de búsqueda de mayor rentabilidad que desemboca en la innovación financiera. Una consecuencia de estas innovaciones será un cambio parcial de la estructura de los balances de las entidades financieras y bancarias.

Creixement econòmic, atur i ocupació a Catalunya

Cristiana Amarelo (Direcció General d’Anàlisi i Política Econòmica) presenta al darrer número de Papers de treball del Departament d’Economia i Finances de la Generalitat de l’economia, un treball titulat “La relació entre el creixement i l’atur el cas de Catalunya”. Es tracta d’un estudi de la relació entre el creixement econòmic, la creació d’ocupació i la taxa d’atur. L’article efectua una estimació de l’elasticitat creixement –ocupació i del compliment de la llei d’Okun per al cas català, així com una anàlisi dels possibles canvis al llarg del temps motivats per les modificacions institucionals del mercat de treball. La llei d’Okun estableix una relació negativa entre les variacions de la producció agregada i de la taxa d’atur.

El fet que la demanda del factor treball sigui una demanda derivada de la corresponen al producte, justifica en primera instància la relació negativa entre producció i atur. Okun va considerar una evolució constant de la població activa, una absència de canvis en les hores treballades, i va obtenir una elasticitat negativa. De fet, com recorda l’autora de l’article, l’èxit de la teoria d’Okun resideix en la seva relativa simplicitat, el fet de ser intuïtiva i que el seu compliment s’ha mostrat molt regular al llarg dels anys. Es tracta més d’una relació estadística més que no pas una característica estructural de l’economia.

Paral·lelament, d’aquesta relació s’extreuen consideracions importants en matèria de política econòmica. Així, les diferències entre països en l’elasticitat de la taxa d’atur al creixement econòmic poden respondre a diferències estructurals o institucionals, com ara la regulació del mercat de treball. Tot i això, un dels inconvenients és que el coeficient d’Okun es mostra com altament sensible al mètode economètric emprat, alhora que l’incompliment d’algunes restriccions de partida (com ara la hipòtesi de creixement constant en la població activa) dificulten la interpretació en determinats moments del temps. Tanmateix, els resultats queden alterar en funció de que l’economia estigui instal·lada o no en la seva senda de creixement potencial. A més a més, la desviació respecte a la seva tendència es major en el cas de l’atur que en el propi creixement.

L’autora reprèn els resultats d’altres treballs on, en general, s’observa que els coeficients estimats en el cas espanyol són força elevats, per sobre d’altres països europeus, i en alguns casos per sobre de la unitat. A més, sembla que en els anys més recents aquesta elasticitat seria més elevada. Les seves estimacions apunten que, en el cas català, el coeficient d’Okun fins i tot seria més elevat que la mitjana espanyola. Pel que fa a altres països, en alguns treballs s’estima que els paràmetres per països oscil·len des d’un -0,23 per al Japó fins a un -0,9 per als Països Baixos, o un -0,92 per a Itàlia. També cal destacar que els Estats Units acostumen a presentar una elasticitat rellevant (entre un -0,4% i un -0,5%). Per l’OCDE s’ha estimat que el coeficient a curt termini és de – 0,61, mentre que a llarg termini és de – 0,94. Uns resultats que a priori entren en contradicció amb la major flexibilitat que sol atribuir-se a l’economia americana.

Els resultats que obté el treball, apunten a una elevada sensibilitat de la taxa d’atur respecte a la conjuntura econòmica. Durant les fases d’expansió es produeix una forta demanda de treball i, per tant, una reducció de l’atur, però amb la recessió el treball minva ràpidament i l’atur augmenta. Les diverses estimacions realitzades ho confirmen, i obtenen que el coeficient d’Okun (és a dir, l’elasticitat de la taxa d’atur respecte al creixement econòmic) té el signe negatiu esperat i és relativament alta, entre un -1,02 i un -1,38.

No obstant això, els resultats obtinguts amb la consideració del cicle econòmic suggereixen que hi ha un cert retard temporal en la resposta de la taxa d’atur a les variacions cícliques, i que els desequilibris persisteixen en el temps. Això suggereix com apunta l’autora que el mal funcionament d’algunes institucions laborals provoca que els ajustos laborals en temps de crisi es perllonguin notablement en el temps, i encara que es recuperi el creixement econòmic positiu, els efectes a la baixa en la taxa d’atur triguen més temps a materialitzar-se. Tanmateix pot evidenciar que a les economies existeix costos d’ajusts, entre altres raons com conseqüència de la incertesa que existeix a l’economia. La qual cosa explicaria en part que “els efectes negatius de les recessions són més importants a mitjà termini que els efectes positius en les etapes de creixement econòmic.”

 

 

 

 

D’altra banda, l’elasticitat mostra un augment al llarg del temps, alhora que el creixement mínim per evitar alces en la taxa d’atur s’ha reduït. Al període 1986-1997 era necessari un creixement d’un 3,3% perquè la taxa d’atur restés estable, mentre que el coeficient d’Okun era d’un -1,02. És a dir, que si el creixement econòmic se situava un punt per sobre d’aquest creixement llindar, s’aconseguien reduccions d’1,02 punts a la taxa d’atur. Per al període 1997-2007, el creixement del PIB necessari era d’un 2,75%, mentre que el coeficient s’havia elevat fins a un 1,38, de manera que un punt de creixement per sobre del llindar implicava una caiguda de la taxa d’atur d’un 1,38. La qual cosa evidenciaria una de les característiques del model productiu català i espanyol: la seva intensitat en el factor treball. Als darrers anys, el creixement econòmic ha estat el resultat de la creació d’ocupació i no de l’augment de la productivitat.