El cerebro social

El antropólogo británico Robin Dunbar propuso la hipótesis del cerebro social. Estudio la conducta de 38 especies de primates y comprobó una correlación entre el tamaño de su córtex y su vida en grupos extensos y complejos. No obstante, la diferencia no es exclusivamente de dimensión del córtex; ante todo, las diferencias de estructura revestirían diferencias funcionales significativas.
La vida social confronta al individuo a un entorno externo diferente al existente en una vida en solitario o en grupos muy reducidos y poco estables. Los recursos necesarios serían diferentes y esto se evidenciaría en desarrollos del sistema nervioso central, en especializaciones funcionales de determinadas áreas del mismo. La vida sociedad incrementa la frecuencia y la intensidad de las interacciones interindividuales y sociales; y, para esta confrontación necesitamos recursos; o, la recurrencia de las mismas nos han llevado paulatinamente, como resultado de la evolución, a desarrollar recursos e interconexiones neuronales.
La pertenencia al grupo conduce a unas demandas y restricciones diferentes. El desarrollo de las emociones y su expresión, la comunicación, la coordinación, el enfrentamiento en un contexto de permanencia de las relaciones, y las resolución de problemas y conflictos, propician un medio ambiente externo particular.
La evolución también ha propiciado que las características del medio interno del hombre coevolucione con el medio externo. Con todo, la evolución parece haber propiciado determinadas partes de nuestro neocortex. O mejor dicho que éste se desarrolle adquiriendo determinadas características estructurales y posibilitan el desempeño de nuevas funciones. Vida social conduce y requiere una cognición social.
En esencia, enfrentarse a un objeto que se acerca no es lo mismo que hacer frente a una persona que se aproxima. Quedaría la duda qué diferencia existe entre las necesidades neuronales que se requieren para hacer frente a un individuo que se acerca a nosotros si éste pertenece a nuestra misma especie o se corresponde con un miembro de otra especie.

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La teoría social cognitiva

Luca Coge

La teoría social cognitiva o del aprendizaje surge, por parte de Albert Bandura, como una respuesta a la explicación conductista del comportamiento. Albert Bandura cree que la conducta humana debe ser descrita en términos de la interacción recíproca entre determinantes cognoscitivos o personales, conductuales y ambientales. Los procesos cognitivos son los primeros mediadores del comportamiento. Pero las personas son capaces de incorporar en sus futuras actuaciones las consecuencias de las actuaciones previas.

Para la teoría social cognitiva (TSC), una parte importante del comportamiento resulta del aprendizaje vicariante o por imitación. No obstante, el pensamiento es un elemento activo en la construcción de la realidad por parte del individuo. Cada uno construye su realidad individual a partir de la interacción entre el entorno y la cognición. En este sentido, la información que maneja el individuo es sumamente importante a la hora de establecer sus pautas de comportamiento.

Información y comportamiento

El tratamiento de la información por parte del individuo es evolutivo en el sentido de que es susceptible de cambiar con el tiempo en función de la experiencia previa que haya incorporado y del grado de madurez.

Esto se entiende si se considera que, en el tratamiento de la información, el individuo se sirve de la atención y la concentración, la memoria y la capacidad para utilizar símbolos y las habilidades para resolver problemas.

Comprender todos los procesos implicados en la construcción de la realidad por parte del individuo permite describir su comportamiento, predecirlo y establecer los mecanismos de su transformación.

Determinismo recíproco

El determinismo recíproco expresa las interrelaciones entre factores personales, de comportamiento y entorno. Por ejemplo, la interacción entre factores personales y factores de comportamiento es biyectiva. Los pensamientos, las emociones y las propiedades biológicas de un individuo influyen en su comportamiento y éste en aquellas. Las expectativas, las creencias y las habilidades cognitivas de un individuo se desarrollan sobre la base de las influencias sociales y de la estructura del entorno; en esencia existe una interrelación entre entorno y características personales.

Las influencias sociales aportan información y activan relaciones emocionales. La imitación, la instrucción o la persuasión son elementos de estas influencias sociales. El ser humano responde de modo diferente según el contexto social y sus propias características físicas (edad, sexo, estatura,…).

Los individuos actúan sobre su entorno al mismo tiempo que son la propia expresión del mismo. La experiencia de comportamientos previos de confrontación con el medio altera, transforma o modifica el comportamiento futuro del individuo. En este sentido, el entorno influye en el comportamiento del individuo. Un comportamiento agresivo por parte del individuo puede conducir a una respuesta ambiental de hostilidad. De modo que, en la próxima ocasión, el comportamiento individual volverá a ser agresivo. Pero sí, en cambio, el entorno no se presenta como hostil, es probable que el individuo no vuelva a ser agresivo.

Las capacidades fundamentales del individuo

La red de influencias mutuas aleja al individuo de toda esclavitud respecto al entorno o a las propias pulsiones. El individuo ni es libre ni es esclavo. Cuenta con sus propias motivaciones y comportamientos, pero está sometido a reglas. De hecho para la TSC, un individuo cuanta con cinco capacidades fundamentales:

  • Simbolización
  • Imitación,
  • Previsión
  • Autorregulación
  • Autoanálisis

La simbolización

Las influencias externas de nuestro comportamiento son tratadas por medio de procesos cognitivos. Los símbolos permiten la activación de los procesos cognitivos y permiten a los humano dotar de continuidad a sus propios comportamientos.

Los símbolos también intervienen en la elaboración de la resolución de problemas. De esta elaboración el individuo obtiene la oportunidad de prever sus acciones futuras y comprometerse con determinadas líneas de acción.

Gracias a esta capacidad de previsión (infra), los individuos tiene la oportunidad de evaluar las consecuencias de una acción antes mismo de llevarla a cabo.

Imitación

La imitación, o la capacidad vicariante, permite a los individuos aprender a partir de la observación de otros individuos. Este aprendizaje por medio de la observación es esencial para poder evaluar la adecuación de un comportamiento sin haberlo realizado con anterioridad. Los procesos vicariantes aportan ganancias importantes de tiempo al reducir el aprendizaje por ensayo y error y limitar el número de errores cometidos. Asimismo, las capacidades vicariantes permiten explorar situaciones y actividades que conducen a un nuevo aprendizaje.

El aprendizaje vicariante resulta de cuatro procesos: atención, retención, reproducción y motivación. La atención es la capacidad del individuo para seleccionar acciones y comportamientos existentes en su entorno. Las características del observador y del comportamiento observado desempeñan un papel esencial en la selección de la información. El observador manifiesta una tendencia a seleccionar comportamientos de personas semejantes y con las que mantiene una relación de intimidad.

Ilustración 2.- Aprendizaje vicariante

La retención surge de la capacidad de los individuos para elaborar símbolos a partir de los comportamientos observados y de almacenarlos en la memoria. La simbolización formar parte del proceso de aprendizaje y favorece la reproducción. La evaluación del comportamiento en función de los resultados esperados participa en la adopción o no de dicho comportamiento.

La capacidad de previsión

Según la TSC todo comportamiento es intencional y está dictado por las previsiones que el individuo realiza. El individuo encuentra la motivación y la guía de sus acciones en la anticipación de los resultados. El individuo construye la anticipación sobre la base de las experiencias anteriores y de la capacidad vicariante. No son los resultados posibles quienes marcan el inicio de un comportamiento, sino las expectativas sobre las consecuencias del mismo. Las expectativas son fruto de la evaluación que un individuo hace de las consecuencias de su resultado; y, en ese sentido, regulan el comportamiento.

La capacidad de autorregulación

El individuo está capacitado para poder controlar su propio comportamiento. El individuo transita desde un control externo a otro interno. En la autorregulación participan los niveles o estándares individuales, los estándares sociales y los morales. El individuo establece objetivos y los coteja con sus logros personales. Los estándares pueden motivar a un mayor empeño o a modificar el comportamiento.

El grado de motivación está relacionado positivamente con el sentimiento de autoeficacia. La perseverancia en la acción está sujeta a la percepción de eficacia de la acción que tenga el individuo. Esto presupone una reevaluación por parte del individuo de sus propias acciones. Esto puede también querer apuntar a que las acciones que emitan informes de autoeficacia tienen mayores probabilidades de ser llevadas a cabo pues el individuo mostrará una mayor perseverancia en su empeño.

Éste es un aspecto interesante cuya aplicación podría permitir a un individuo con un bajo sentimiento de autoeficacia ir ganando confianza en sí mismo e incrementando su motivación. Hay que elegir actuaciones que nos informen positivamente de los logros alcanzados. No todo depende del individuo, y de su comportamiento, también del entorno interviene. En este caso, el entorno se presenta bajo la forma de actividades generadoras de automotivación.

Tal y como se desprende de este argumento, la retroalimentación o el feed-back es el segundo factor que interviene en la motivación. La retroalimentación ofrecer oportunidades de aprendizaje en el control y en el ajuste de los esfuerzos y en la persistencia de la actuación. Además, como ha quedado dicho, la retroalimentación contribuye a la automotivación.

El tercer elemento que influye en el grado de motivación es el tiempo. A medida que el tiempo necesario para alcanzar un objetivo se prolonga, las oportunidades para la motivación se reducen. Las actividades que requieran actuaciones a corto plazo resultarán más fácilmente realizables y contribuirán en mayor medida a la motivación.

El comportamiento del individuo está igualmente sometido a normas o estándares sociales y morales. Son normas que emanan de la observación de autri, de la educación, de la religión o de otros procesos sociales. Para Bandura la observación del comportamiento es más determinante que las instrucciones verbales, sobre todo en lo concerniente a la educación infantil.

El individuo es capaz de cambiar las normas y los estándares sociales y morales a lo largo de su vida.

Capacidad de autoanálisis

Ésta es la capacidad que permite al individuo evaluar sus propias experiencias, reflexionar sobre su pensamiento y modificarlos en función de sus necesidades. El sentimiento de competencia o habilidades el principal aspecto del autoanálisis. Para la TSC, los individuos desarrollan una percepción de sus propias habilidades y características que influirán en cuánto quieran alcanzar y en los esfuerzos que desplegaran en aras del logro.

Este sentimiento se construye a partir de los éxitos pasados, de la observación de éxitos y fracasos de otros, del apoyo del entorno y del estado psicológico del individuo (ansiedad, estado emocional,…).

Hasta luego y buena suerte

La psicología de los apoyos y las resistencias en los mercados

Uno de los aspectos que más preocupa a los analistas de la bolsa es la determinación de las tendencias. La tendencia es el comportamiento de los valores a lo largo del tiempo. Detrás de este comportamiento se encuentra la conducta y decisiones de las personas que intervienen en los mismos. En este sentido, el estudio de la tendencia persigue esclarecer la psicología de los mercados o, cuanto menos, algunos aspectos de la misma. En esta nota abordaremos está cuestión apoyándonos siempre en el texto de John J. Murphy. Trataremos de los diferentes tipos de tendencia, de los apoyos y las residencias, de cómo se construyen y sustituyen estos.

Tendencias ascendentes, descendentes y laterales

En los mercados de valores, en las bolsas, los precios se mueven en una serie de picos y valles cuya dirección marca la dirección del mercado, esto es la tendencia del mercado. Una tendencia ascendente se caracteriza por una sucesión de picos y valles cada vez más altos; una tendencia descendente por una serie de picos y valles en declive; y, una tendencia lateral por picos y valles moviéndose horizontalmente. Dicho de otro modo, un mercado se puede mover en tres direcciones: hacia arriba, hacia abajo y hacia el costado. Este último, el movimiento lateral o banda de fluctuación, es un reflejo de equilibrio en el nivel de precios en el que las fuerzas de la oferta y de la demanda están en relativa igualdad.

Tendencia principal, secundaria y de corta duración

De acuerdo con la Teoría de Dow, existen tres tipos de tendencia según la dimensión temporal que consideremos. La tendencia principal está vigente más de un año; la tendencia intermedia o secundaria se extiende entre tres semanas y varios meses; y, la tendencia de corta duración se define con un período menor de dos o tres semanas. Cada tendencia es vista como una porción de su próxima tendencia más larga: de modo que una tendencia intermedia sería una corrección de la tendencia principal. Si la tendencia principal es una tendencia ascendente, el mercado se detiene para autocorregirse durante un par de meses antes de continuar su camino hacia arriba, formándose de este modo una tendencia intermedia. Ésta se identificaría como pequeñas caídas y recuperaciones.

Apoyos y resistencias

Hemos dicho que las tendencias están formadas por picos y valles. Estos se denominan apoyos y resistencias. Un apoyo o mínimo de reacción es un nivel o área del gráfico por debajo del mercado donde el interés de los operadores por comprar es lo suficientemente fuerte como para vencer la presión por vender. Como resultado, hay una bajada de precios que se detiene y estos vuelven a subir. Una residencia, por su parte, representa un nivel o área de precios por encima del mercado donde la presión por vender vence a la presión por comprar y un avance del precio vuelve hacia atrás.

Continuidad y cambio de tendencia

En una tendencia ascendente, los niveles de resistencia representan pausas en ese movimiento hacia arriba que generalmente son superadas en algún momento. En una tendencia descendente, los niveles de apoyo no son suficientes para detener la bajada de forma permanente, pero al menos la pueden controlar temporalmente.

Para que una tendencia ascendente continúe, cada mínimo sucesivo –su nivel de apoyo- debe ser más alto que el anterior. Si la bajada correctiva en una tendencia ascendente llega al nivel del mínimo anterior, puede ser una advertencia anticipada de que la tendencia ascendente está llegando a su fin, o al menos de que se está transformando en una tendencia lateral. Si se viola un nivel de apoyo, entonces es probable que se dé un cambio completo de tendencia, de ascendente a descendente. De igual modo para el paso de una tendencia descendente a otra ascendente.

La imposibilidad de superar un pico anterior en una tendencia ascendente, o la capacidad de los precios de escaparse del mínimo de apoyo anterior en una tendencia descendente, es generalmente la primera advertencia de que la tendencia actual está cambiando.

La psicología de los mercados hace que, en ocasiones, un nivel de resistencia se transforme en un nivel de apoyo o que éste se convierta en una resistencia.

La psicología de los mercados: la transformación de apoyos en resistencias (o viceversa)

Imaginemos que nos encontramos en un mercado que comienza a moverse hacia arriba a partir de un área de apoyo en la que los precios han estado fluctuando durante algún tiempo. En ese momento dado, los agentes que participan en un mercado pueden agruparse en tres categorías:

  • Los que cuentan con posiciones largas son aquellos que ya han comprado contratos. Están encantados observando como el mercado se mueve al alza; aunque también lamentan no haber comprado más activos de lo que hicieron. Piensan que si el mercado volviese a bajar cerca del área de apoyo, aumentarían sus posiciones.
  • Los que cuentan con posiciones cortas se han comprometido con los compradores y por tanto han vendido. Ahora se dan cuenta que sean equivocado al anticiparse y no poder aprovechar el movimiento alcista. Piensan que si llegase una bajada hasta donde tomaron sus posiciones cortas, retomarían las mismas y no se precipitarían.
  • También están en el mercado lo que, en ese instante, no están comprometidos, bien porque nunca lo estuvieron por indecisión o porque liquidaron sus posiciones largas en el área de apoyo.
    • Los que liquidaron sus posiciones piensan ahora que se precipitaron y buscan encarecidamente ora oportunidad de reposicionarse de modo largo allí donde vendieron.
    • Los indecisos se convencen a sí mismos que la subida de precios debe aprovecharse y se deciden a entrar en el mercado con posiciones largas a la primera oportunidad de compra que se presente.

Todos ellos tienen un interés personal en el área de apoyo. Si ésta volviese a presentarse, si los precios volviesen a bajar cerca de ese apoyo, todos materializarían sus deseos de compra renovada esperan ver cumplido su ambición de una subida de precios. Las reacciones combinadas de todos los operadores hacen que cada reacción a la baja sea contrarrestada con compras adicionales, creando un mayor apoyo. De este modo, lo que en el tiempo del movimiento lateral era una resistencia se convierte en un apoyo.

Si en lugar de imaginar una subida de precios, no situamos en la situación contraria en que los precios bajan. Si los precios comienzan a descender y llegan a estar por debajo del anterior área de apoyo: todos lo que compraron estando en el área de apoyo se dan cuenta de su error y transforman sus órdenes de compra en órdenes de venta, convirtiendo así el apoyo en resistencia.

Los modelos que se basan en los conceptos de apoyo y resistencia ofrecen imágenes de los que hacen los partícipes del mercado, y, por ello, se encuentran en medida de permitirnos establecer sus reacciones ante los hechos que acontecen en el mercado. El análisis de los gráficos del mercado es el estudio de la psicología humana y de las reacciones de los operadores a los cambios en las condiciones del mercado. Una psicología humana emplazada, esta vez, en transformación del nivel de apoyo en nivel de resistencia.

 

Hasta luego y buena suerte.

 

Fuentes:

Texto: John J. Murphy, Análisis Técnico de los Mercados Financieros, Gestión 2000

Imágenes: © Microsoft

La felicidad y sus caminos

La felicidad puede ser considerada de múltiples maneras, como también son múltiples los caminos que a ella conducen. En esta nota recogeremos de la mano de Ferran Salmurri y de su libro Libertad emocional (Paidos, 2004), una forma de entenderla y algunas pistas para procurársela.

La felicidad

La felicidad es, entre otras cosas, una situación psicológica que proporciona sensaciones placenteras y modula de manera agradable y positiva la recepción y la interpretación de los impulsos recibidos del entorno, del almacenase de la memoria o de los propios receptores corporales.

La felicidad se asocia con

  • La autoestima
  • El autocontrol de la conducta
  • El autocontrol emocional
  • El estilo cognitivo
  • Las relaciones con los demás.

Autoestima

La autoestima es el valor emocional, el aprecio y la consideración que nos damos a nosotros mismos, a nuestra propia identidad como persona. Contribuye a sentirnos responsable ante nosotros mismos, ante nuestros actos; a aceptar que nuestra conducta depende de nuestras propias elecciones y no de las circunstancias externas que nos envuelven.

La autoestima no es innata. Por el contrario, puede formarse por medio de:

  • La autovaloración. Es decir, la valoración de nuestra propia vida, de cómo nos va en la vida en relación con nuestras expectativas. Valoramos en función de las expectativas; por ello, es conveniente que éstas estén bien ajustadas.
  • La información sobre nosotros que recibimos de los demás. Los demás nos remiten una serie de informaciones sobre nosotros mismos. Nosotros podemos “controlar” determinados elementos que los demás utilizan para formular y emitir dicha información.
  • El estilo cognitivo que utilizamos para evaluarnos. Es decir, en qué medida somos capaces de reconocer en nosotros aspectos positivos o no. Una conducta positiva es fundamental, teniendo en cuenta que ello no significa ser ingenuo.

Solemos evaluarnos acerca de

  • La aceptabilidad o rechazo por parte de los demás
  • Experimentación de sentimientos positivos en las relaciones sociales
  • En qué medida nuestras expectativas son realistas
  • Somos capaces de alcanzar un satisfactorio nivel de realización (de adecuación a las expectativas).

Autocontrol de la conducta

La felicidad suele acompañarse de un mejor autocontrol de la propia conducta. Es decir, las personas felices suelen llevar a cabo con mayor frecuencia y a buen puerto aquello que se proponen. La conducta se refiere al modo en que nos comportamos, cómo gobernamos nuestra vida y dirigimos nuestros actos.

El autocontrol de la conducta es la capacidad para dirigir la propia conducta hacia donde uno decide; la capacidad de realizar y llevar a la práctica los propios propósitos. La conducta dirigida por objetivos parece ser importante (Véase la entrada “Introducir el cambio en la vida cotidiana“).

Este autocontrol de la conducta exige también una autoeficacia; es decir, el juicio sobre nuestras capacidades para organizar y ejecutar actor y acciones que nos permitan alcanzar nuestros objetivos y el rendimiento deseado.

Las dificultades para la mejora en el autocontrol de la conducta provienen de:

  • La falta de hábitos adecuados de esfuerzo y constancia
  • La impulsividad: el hábito de actuar sin evaluar las consecuencias del propio comportamiento y sus diferentes opciones
  • Los pensamientos negativos que aparecen en el momento de realizar un esfuerzo o de ponerse a ejecutar una acción
  • Las creencias sociales comunes en relación con el esfuerzo, el trabajo y la perseverancia en el sentido de que están reñidos con la felicidad.

Autocontrol de la conducta y autoestima se relacionan directa e indirectamente. Se trata de una relación que depende mucho del lenguaje que empleemos con nosotros mismos, de qué palabras utilicemos para describirnos y para valorarnos.

Autocontrol emocional

Las personas más felices suelen disponer de un mejor autocontrol emocional, un estado de ánimo alto y estable. Estas personas no pierden el control con facilidad, no se suelen ver afectadas por los pequeños acontecimientos cotidianos de la vida, los resuelven fácil y rápidamente, y, tal vez por ello, no tienen un sufrimiento emocional cotidiano, ni tampoco un sufrimiento excesivo. Muestran una menor variabilidad en su estado de ánimo y sus sentimientos y emociones son más estables.

El autocontrol emocional es la capacidad para dirigir el propio estado de ánimo, los propios sentimientos y emociones; es disponer de la capacidad de control para lograr una estabilidad emocional.

Un buen autocontrol emocional comporta estabilidad y control de las circunstancias estresantes. Las experiencias estresantes también están especialmente motivadas por nuestros propios pensamientos, por la percepción que tenemos de los acontecimientos. Las experiencias estresantes procedentes de nuestro pensamiento depende, en gran medida, de los hábitos mentales, de nuestro estilo cognitivo.

Estilo cognitivo

Hemos hablado del autocontrol y la autoeficacia de la conducta, pues bien la conducta humana está mediada por la cognición.

La cognición se refiere al conocimiento, la apreciación, la percepción, la imagen y la evaluación. Hace referencia a la facultad de las personas para procesar información a partir de la percepción, el conocimiento adquirido (por medio de la experiencia o de otras personas) y características subjetivas que permiten valorar y de la información.

Un estilo cognitivo positivo se asocia con la felicidad. Esto es, la autopercepción de felicidad se acompaña de una percepción más frecuente de los aspectos positivos de los acontecimientos o de los comportamientos propios y ajenos. Las personas felices no suelen anticipar acontecimientos negativos; tampoco suelen tener pensamientos negativos, catastróficos o exagerados.

Relaciones con los demás

Las personas más felices mantienen amplias y positivas relaciones con las otras personas, tanto en términos de calidad como de cantidad. No perciben negativamente ningún encuentro, no les molesta estar con los demás. Ello no quiere decir que busquen enloquecidamente estar rodeados de otras personas. Significa que buscan aprovechar satisfactoriamente el encuentro con otras personas, explorar el lado interesante que puede tener una relación con los demás.

En las relaciones con los demás, la empatía es un concepto importante. Se refiere al grado de sintonía afectiva con los demás y con el ambiente circundante. Es la capacidad para percibir correctamente la experiencia de otra persona y, en consecuencia, para tener presentes sus sentimientos, emociones y necesidades. Es la capacidad de ponerse en el lugar de otro.

En definitiva, la autoestima, el autocontrol de la conducta, el autocontrol emocional, el estilo cognitivo y las relaciones con los demás son un buen camino para procurarnos la felicidad.

Hasta luego y buena suerte.

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Crédito de las fotografías: ©Microsoft.

Comportamiento económico: aprendizaje vicariante y efecto rebaño en las burbujas económicas

L. Coge & E. Furió

El aprendizaje Vicariante u observacional se produce cuando un animal observa a otro animal realizar una tarea aprendiendo entonces esta tarea más rápidamente. En el ser humano, este tipo de aprendizaje se aplica a la forma en que imitamos y seguimos ejemplos, aprendemos de experiencias ajenas y direcciones simbólicas para desarrollar habilidades y alcanzar objetivos. Por eso también se denomina aprendizaje social.

En el aprendizaje vicario, el refuerzo es de otra índole y se basa en procesos imitativos cognitivos del sujeto que aprende con el modelo. En los primeros años, los padres y educadores serán los modelos básicos a imitar. El refuerzo es el estímulo que refuerza una conducta. Es cualquier consecuencia o acontecimiento que, cuando se hace contingente respecto a una respuesta previa, aumenta la probabilidad de que esa respuesta aparezca de nuevo en el futuro. El refuerzo puede ser intrínseco o extrínseco, positivo o negativo. El reforzador, igual que los estímulos aversivos se define en función de su efecto sobre la conducta, no por sus características inherentes. Es decir, aunque un estímulo pueda ser considerado en general como reforzador no lo será en los casos en que no haga más probable una conducta.

Son muchos los ejemplos de cómo los niños observan e imitan a sus padres y aprenden de lo que les sucede a sus hermanos, cuando éstos son regañados o premiados, y entonces rigen su actuación con base en sus observaciones. Así se aprenden los valores y las normas sociales —que son adecuadas o no según cada cultura-, cómo manejar los impulsos agresivos, cómo prestar y compartir las cosas,… Estos procesos se dan toda la vida.

El aprendizaje vicariante se diferencia del aprendizaje activo. Éste consiste en una adquisición de conocimientos gracias a la realización de actividades, es una aprender haciendo. En contraste, el aprendizaje vicario es aprender a partir de la observación de lo que los otros hacen. Por la mera observación de las acciones de los otros y de las consecuencias que éstas comportan, se aprender a repetir o evitar esa conducta o una acción.

Albert Bandura sostiene que al ver las consecuencias positivas o negativas de las acciones de otras personas, las llevamos como si fueran fruto de nuestra propia experiencia en otras circunstancias. Podemos recrear las consecuencias posibles de diferentes cursos de acción sin necesidad de esperar a llevar a cabo previamente esas acciones, basta con la observación de las demás. Esto es significativamente importante cuando las motivaciones de nuestras acciones son expectativas sobre el futuro: resultados deseados, estados o situaciones que queremos alcanzar; cuando las causas de nuestras acciones son los efectos esperados de las mismas.

Observar a los demás, sus acciones y los resultados que de ellas obtienen es un atajo muy utilizado en los procesos de toma de decisiones. Puede contemplarse como un tipo particular de analogía. Haciendo uso de una presentación bastante común y extendida, podemos considerar la analogía como una comparación o una relación entre distintas ideas objetos o experiencias, de la cual obtenemos razonamientos o conductas sobre la base de la presencia de semejanzas entre ellas. La particularidad del aprendizaje vicariante es que tomamos la experiencia ajena para confeccionar las analogías.

El aprendizaje vicariante actúa, pues, como un recurso útil en la toma de decisiones pues hacemos uso del mismo cuando tenemos que tomar rápidamente una decisión o cuando no tenemos la suficiente información o la suficiente capacidad para procesarla. Un ejemplo bastante común y por muchos conocido es cuando acudimos con retrasado a una reunión de vecinos de modo que cuando entramos se está a punto de iniciar la votación a brazo alzado y tenemos que tomar rápidamente la decisión del sentido de nuestro voto sin saber sobre que se está votando, tal vez decidamos abstenernos. Pero también, puede ocurrir que veamos levantar la mano al vecino del tercero con quien coincidimos siempre que hay que tomar una decisión en la comunidad de vecinos o quien atribuimos un elevado y correcto juicio en la toma de decisiones, en este caso con mucha seguridad levantaremos la mano y votaremos lo mismo que él, pues consideramos que es una decisión con altas probabilidades de ser acertada.

Se trata de un ejemplo de analogía o de aprendizaje vicariante. Este tipo de actuación está muy extendida en todos los ámbitos. En el caso de la toma de decisiones públicas, basta recordar que la decisión del gobierno español de suprimir la publicidad en la televisión pública tuvo lugar poco tiempo después que el gobierno francés tomase el mismo tipo de decisión. Es cierto que puede tratarse de una simple coincidencia de calendario, pero es muy probable que se trate de un aprendizaje vicariante actuando en el terreno de la política pública.

En un terreno donde es especialmente importante este tipo de comportamientos en el ámbito económico. Una importancia que puede desprenderse bien su frecuencia o del alcance de sus consecuencias y que ha propiciado que tenga un nombre propio. Veámoslo.

El aprendizaje vicariante es particularmente importante cuando existen problemas de falta de información o incertidumbre sobre el estado actual o futuro (recuérdese nuestra anterior reunión de vecinos). Cuando estamos en situaciones de falta de información, o nos sentimos incapacitados para analizar la situación o la información disponible, en lugar de proceder por medio de un aprendizaje activo, puede resultar una buena estrategia hacer uso del aprendizaje vicariante y tomar en consideración las acciones de los demás que han conducido a resultados que considerados positivos o deseables. Es en situaciones de este tipo cuando surge lo que los economistas han dado en llamar comportamiento de rebaño o efecto rebaño (“herd behavior”).

El comportamiento de rebaño es particularmente importante en las burbujas económicas y, en particular, en las crisis financieras. Ha sido formalizada por Gwynne (1986), Banerjee (1992) y Scharfstein y Stein (1990). Estos dos últimos autores se han centrado en aplicaciones relativas los mercados financieros.

En estos casos, se establece la distinción entre inversores listos e inversores tontos. Los primeros reciben buenas señales informativas respecto del valor de una inversión, mientras que los segundos sólo reciben señales de ruido. A priori, es difícil, cuando no imposible, reconocer a unos otros. En cambio, a posteriori, una vez realizadas las inversiones en el mercado y conocidos los resultados obtenidos de las mismas, sí que podemos diferenciar unos de otros: si el inversor ha realizado una inversión rentable lo etiquetaremos de listo, pero si sus resultados son mediocres o negativos formará parte del grupo de los tontos. Si de repente un inversor que consideramos listo toma la decisión de deshacer todas sus posiciones en la bolsa, sin que aparentemente exista motivo alguno o nosotros lo desconozcamos, es muy probable que otros inversores actúen por analogía o sobre la base de un aprendizaje vicariante. Cuanto mayor sea el número de estos imitadores es más probable que otros se incorporen a las decisiones de venta. Los precios se hunden sobre todo por razones psicológicas y el mercado de valores se instala en una situación de crisis.

No obstante, el problema de este criterio de catalogación es que nos basamos en la experiencia pasada. Es cierto que lo mismo hacíamos antes con nuestro vecino y que es un criterio que frecuentemente se utiliza. Si existe un comportamiento de los valores que es sistemáticamente no predictible, es muy difícil distinguir a los inversores listos de los inversores tontos. Podemos pensar que en estos casos nos quedamos sin aprendizaje vicariante. La respuesta es que no, pues en estos casos podemos considerar como criterio para diferenciar a unos inversores de otros el grado de similitud que existe entre su comportamiento. Se trata que la diferenciación en la conducta penaliza la imagen que proyecta el inversor. Una inversión no rentable no es tan mala para su reputación cuando otros incurren en la misma equivocación. Los inversores listos tiende a recibir las mismas señales, mientras que los tontos no, por tanto, si un inversor mimetiza el comportamiento de otros, sugiere al mercado que ha recibido una señal que está en correlación con la suya propia por lo que es muy probable que sea listo. Si, por el contrario toma una posición contraria se le percibe como posiblemente tonto. De esta manera, si la información privada de un inversor le dice que una inversión puede tener un valor futuro negativo puede, sin embargo, llevarla a cabo si otros lo han hecho ya antes que él.

Un último aspecto interesante en esta relación entre el aprendizaje vicariante y la economía consiste en introducir las emociones. La función expresiva de las emociones juega también otro rol no menos importante en el aprendizaje vicariante y por ente en los mercados. Dado que una gran parte de la experiencia emocional adquiere en forma de aprendizaje vicariante; por ejemplo, que a veces cuando vemos a una persona asustada, nos asustamos también, sin conocer la causa de ese susto. La capacidad de las emociones en cierto modo de «contagiar» a los demás, es la base de la adquisición de la experiencia emocional propia, y también de ciertos fenómenos masivos, como por ejemplo lo es el pánico masivo,… o el pánico en los mercados financieros.

Hemos tratado la relación entre aprendizaje vicariante y crisis financieras. Conviene resaltar que los resultados que podemos alcanzar gracias al aprendizaje vicariante no son siempre adversos en absoluto. También interviene en otros casos con resultados mucho más favorables.

Un aspecto importante de estas notas es la necesidad de diferenciar más finamente entre aprendizaje vicariante y analogía. Pero de esto nos ocuparemos en una próxima entrada.

Hasta luego y buena suerte

Anatomía de la ansiedad

Autor: L. Ciereg

El siguiente texto es en buena medida una traducción al español del texto de Alice Park aparecido en la revista Time en Junio de 2002.

Anatomía de la ansiedad

Cuándo los sentidos perciben una amenaza, la información puede tomar dos vías diferentes en el cerebro:

  1. El camino corto

Cuando está asustando, el cerebro automáticamente pone en marcha una línea directa con la amígdala, su centro del miedo.

Una vez activada, la amígdala envía la información por todos los medios alertando así a otras estructuras cerebrales.

El resultado es la clásica respuesta al miedo:

  • Manos sudorosas
  • Aumento del ritmo cardíaco
  • Aumento de la presión sanguínea
  • Estallido de los niveles de adrenalina
  1. La vía larga

Solamente tras la activación de la respuesta inicial al miedo, la actividad mental consciente se pone en marcha.

Parte de la información sensorial, antes de viajar directamente a la amígdala, toma una ruta alternativa, deteniéndose primero en el tálamo. Éste es el centro de entrada sensorial.

Después viaja al Cortex, la corteza cerebral o capa externa de las células cerebrales. El cortex analiza los datos brutos procedentes de los sentidos y decide si requiere una respuesta del miedo. Si es así, el cortex lo indica a la amígdala, y el cuerpo inicia la alerta.

El tálamo se halla en el centro del cerebro, encima del hipotálamo y separado de éste por el surco hipotalámico de Monroe.

Los estímulos sensoriales que llegan al cerebro, con excepción del olfato (debido a que las vías olfatorias se desarrollan en el embrión antes que el tálamo), deberán pasar previamente por el tálamo. Se trata de un derivado de unos 80 núcleos neuronales agrupados en territorios.

Los estímulos dirigidos a la corteza cerebral son filtrados en el tálamo, quien decide si siguen o terminan su camino, calificándolos de triviales.

Pero no únicamente hace esta función, sino que también, al estar conectado a la corteza cerebral, por la vía córtico-talámica son interconectores. Si hay una disfunción en el tálamo afecta a la corteza.

Entonces, cuando el cerebro está en situación en alerta, la amígdala induce una serie de cambios hormonales y químicos en el cerebro que colocan al cuerpo en estado de ansiedad.

La ansiedad y las regiones cerebrales

Estímulos visuales y auditivos

Las imágenes y los sonidos son procesados en primer lugar por el tálamo quien filtra o redirige hacia la amígdala o la región adecuada del cortex.

Estímulos olfativos y el tacto

Los olores y las sensaciones táctiles eluden por el tálamo, en general, y van directamente a la amígdala. A menudo, los olores evocan fuertemente la memoria o la sensibilidad que los sonidos o las visiones.

El tálamo

El centro de la visión y los sonidos, el tálamo descompone

  • las entradas visuales por tamaño, forma y color; y
  • las entradas auditivas por volumen y disonancia,

remitiéndolas entonces a las regiones correspondientes del cortex.

Cortex

Otorga un significado a los sonidos e imágenes brutas. Con ello, hace posible que el cerebro tome conciencia de las cosas que ve o escucha.

Una región del cortex, el cortex prefrontal, puede ser vital al cortar la respuesta a la ansiedad una vez la amenaza ya ha pasado.

Amígdala

Es el centro emocional del cerebro. Tiene un role primordial a la hora de desencadenar la respuesta al miedo o terror. La información que pasa a través de la amígdala adquiere un significado emocional.

 

La porción base de la estría terminalis

La Stria Terminalis (ST) es la conexión eferente principal del la amígdala.  La ST es un tracto y se puede dividir en varias regiones; una de ellas es la porción base de la ST (bed nucleus of the stria terminalis, BNST). La BNST perpetúa las respuestas de miedo causando, a largo plazo, la inquietud o malestar típico de la ansiedad.

Locus ceruleus

Recibe señales desde la amígdala y es responsable del inicio de algunas de las respuestas clásicas a la ansiedad

  • Aumento del ritmo cardíaco
  • Aumento de la presión sanguínea
  • Transpiración
  • Dilatación de la pupila

Hipocampo

Es el centro de la memoria, almacén de la información bruta procedente de los sentidos, que junto con el equipaje emocional, viajan por la amígdala.

El hipocampo es una parte del cerebro situado en el lóbulo temporal (los seres humanos y otros mamíferos tienen dos hipocampos, justo en medio de cada hemisferio cerebral). Forma una parte del sistema límbico y participa en la memoria y la orientación espacial.

 

Fuentes

The anatomy of anxiety, Text by Alice Park & Time Diagragm by Joe Letorla, http://www.prenhall.com/time/content/psyfull.pdf

Imagen del tálamo: http://en.wikipedia.org/wiki/File:Brain_chrischan_thalamus.jpg

Imagen del cortex cerebral: http://en.wikipedia.org/wiki/File:Cerebral_Cortex_location.jpg

Imagen de la amígdala: http://en.wikipedia.org/wiki/File:Amyg.png

Inteligencia: fluida y cristalizada

(Algunos) Tipos de inteligencia

Luca Ciereg

“Inteligencia” (del latín intelligentĭa) cuenta con siete entradas en el Diccionario de la Real Academia Española (www.rae.es) entre ellas, me interesa destacar las siguientes:

  1. Capacidad de entender o comprender;
  2. Capacidad de resolver problemas;
  3. Conocimiento, comprensión, acto de entender;
  4. Habilidad, destreza y experiencia.

Cada una de estas entradas recoge diferentes ámbitos en los que cotidianamente interviene la inteligencia o podemos hacernos eco de su presencia. Bajo una perspectiva racional, la comprensión y el entendimiento son elementos indispensables para la resolución de problemas. Nuestra forma de proceder analítica nos remite no solamente a los resultados, sino de manera importante a los mecanismos conducentes a los resultados. La habilidad y la destreza hacen intervenir la inteligencia. La experiencia puede ser ricamente interpretada a la luz de la inteligencia, al tiempo que, como veremos más abajo, aquélla alimenta a la inteligencia.

Tradicionalmente, se ha relacionado a la inteligencia con las siguientes capacidades:

  • para pensar y establecer relaciones entre hechos o conceptos
  • para resolver problemas cotidianos
  • para generar nuevos problemas
  • para crear productos o para ofrecer servicios dentro del propio ámbito cultural

Durante los años treinta, Louis Leon Thurstone estableció al menos siete habilidades primarias de inteligencia:

  • comprensión verbal
  • velocidad perceptual
  • razonamiento lógico
  • habilidad numérica
  • memoria
  • fluidez de palabra
  • percepción espacial.

Treinta años después, Cattell introdujo la distinción entre inteligencia cristalizada y fluida. La inteligencia fluida comporta una habilidad heredada para pensar y razonar de manera abstracta; y, la inteligencia cristalizada surge de la experiencia y representa el grado de aculturación y aprendizaje y educación.

En 1985, Sternberg organizó las diferentes habilidades en tres categorías para describir la inteligencia:

  • Inteligencia componencial: habilidades para adquirir y almacenar información
  • Inteligencia experiencial: habilidad basada en la experiencia para seleccionar, codificar, combinar y comparar información para hacer nuevos “insight”.
  • Inteligencia contextual: conducta adaptativa en el mundo real.

Inteligencia fluida e inteligencia cristalizada

La distinción entre ambos tipos de inteligencia suelen establecerse cuando se considera la variable edad. Sin embargo, sería más correcto pensar en términos de la influencia de la herencia y/o del ambiente.

Inteligencia fluida

La Inteligencia Fluida alude a la capacidad para adaptarse y afrontar situaciones nuevas de forma flexible sin que el aprendizaje previo constituya una fuente de ayuda determinante para su manifestación.  

Presenta una clara relación con aspectos neurofisiológicos (por ejemplo, con el desarrollo de asociaciones neuronales), así como una mayor base genética que la inteligencia cristalizada. En este sentido, sería posible establecer una relación entre el potencial desarrollo de la inteligencia fluida y el handing o el crecimiento infantil en ambientes enriquecidos. Tanto el handing como los ambientes enriquecidos muestran correlaciones positivas con el desarrollo neuronal de las áreas cerebrales vinculadas con la memoria, el aprendizaje y la orientación espacial.

La inteligencia fluida está constituida por

  • La capacidad de razonar contenidos abstractos
  • El razonamiento lógico
  • La capacidad de establecer relaciones o extraer diferencias

Esta inteligencia alcanza su máximo desarrollo más tempranamente en torno a la adolescencia- que la inteligencia cristalizada. Así, a partir de la vida adulta, esta capacidad tiende a disminuir en paralelo al envejecimiento y deterioro de las estructuras neuronales.

Un decremento de la inteligencia fluida puede deberse, tanto al patrón de envejecimiento normal, como a accidentes, enfermedades, consumo de drogas, etc., que producen lesiones o afecciones en diferentes estructuras cerebrales y del sistema nervioso central.

Inteligencia cristalizada

Con la Inteligencia Cristalizada se hace referencia a aquel conjunto de capacidades, estrategias y conocimientos, que representa el nivel de desarrollo cognitivo alcanzado a través de la historia de aprendizaje del sujeto.

La inteligencia cristalizada está constituida, fundamentalmente, por aptitudes relativas a

  • la comprensión verbal,
  • el  establecimiento de relaciones semánticas,
  • la evaluación y valoración de la experiencia,
  • el establecimiento de juicios y conclusiones,
  • los conocimientos mecánicos, o
  • la orientación  espacial.

Depende en gran medida del aprendizaje derivado de la experiencia previa del sujeto en el ámbito cultural al que pertenece; así una persona desarrollará su inteligencia cristalizada en la medida en que invierta su inteligencia fluida histórica en experiencias de aprendizaje. Es decir, el potencial de desarrollo intelectual con el que una persona nace (inteligencia fluida histórica) alcanzará un mayor o menor grado según sean sus experiencias educativas.

Además, el desarrollo intelectual y el valor máximo alcanzado pueden alargarse más en la vida de una persona en la medida en que su contexto vivencial potencie dicho desarrollo.

Cómo la experiencia vivencial influye en la inteligencia de un individuo puede establecer por medio de las consecuencias del estrés en el deterioro cerebral. El estrés es un peligro para el cerebro humano. Un estudio acaba de revelar que las hormonas que se descargan en nuestro organismo cuando estamos ajetreados, preocupados o nerviosos deterioran una región del cerebro relacionada con funciones cognitivas como la memoria y la orientación espacial.

Muchos experimentos con ratones de laboratorio ya habían descubierto en el pasado una relación entre la segregación de hormonas de estrés (glucocorticoides) y la destrucción de neuronas en el hipocampo del cerebro. Diversos estudios han demostrado cómo las personas que tienen niveles altos de cortisol, una de las hormonas que se descarga en las situaciones de estrés, sufren una mayor pérdida de neuronas en el hipocampo cerebral una región del cerebro relacionada con funciones cognitivas como la memoria y la orientación espacial.

Bibliografía

Rice, Philips F. et al. (1997): Desarrollo humano, Pearson.

Sánchez-Elvira Paniagua, Ángeles; Margarita Olmedo Montes; Evaristo Fernández Jiménez; Pedro Javier Amor Andrés, (2009): Curso de psicología diferencial, UNED, OpenCourseWare, http://ocw.innova.uned.es/ocwuniversia/psicologia/psicologia-diferencial