Memoria implícita y reflejos condicionados

Luca Coge

La memoria implícita, como hemos visto en una entrada anterior, incluye, entre otros, el aprendizaje no asociativo y el aprendizaje asociativo. El primero contiene la habituación y la sensibilización; y, el segundo el condicionamiento clásico y el condicionamiento operante.

Habituación y sensibilización

La habituación es una forma de aprendizaje que se produce cuando un estímulo neutro se repite varias veces. La primera ocasión que el estímulo se aplica, la novedad desencadena una reacción. Con las repeticiones, sin embargo, las respuestas eléctricas que desencadena se van reduciendo y, eventualmente, el sujeto acaba por ignorar el estímulo. “Cuando nos habituamos a un estímulo dejamos de prestarle atención”

La sensibilización es en cierto modo la reacción contraria. Cuando un estímulo se repite acaba produciendo una respuesta cada vez más fuerte. Se asocia con estímulos agradables o desagradables. “Somos más sensibles al estímulo”.

La habituación es un ejemplo de aprendizaje no asociativo: el organismo adquiere una información con un único estímulo. En cambio, en el aprendizaje asociativo, el organismo aprende la relación que existe entre dos estímulos. El mejor ejemplo de este tipo de aprendizaje es el reflejo condicionado.

Reflejo condicionado

Los experimentos de Pavlov consistían en el estudio de la salivación de los perros al ingerir carne. Pero antes de la ingesta del alimento, hacía sonar una campana. Esta secuencia campana-alimento-salivación se repetía sucesivamente, de modo que, llegado un momento, la salivación se producía sólo con el sonido de la campana, sin que se alimentase al perro. El estímulo incondicional (o incondicionado) es el alimento; es decir, el producto que normalmente genera una respuesta (la salivación). El estímulo condicionado es el sonido de la campana. Tras un número determinado de repeticiones, de asociaciones entre el estímulo condicionado y el estímulo incondicionado, el estímulo condicionado acaba provocando la respuesta que, en un principio, sólo desencadenaba el estímulo incondicionado.

El reflejo condicionado es una respuesta refleja a un estímulo que ante no la desencadenaba o muy escasamente.

Esta descripción se corresponde al denominado condicionante clásico. La salivación no es la única respuesta surgida de un reflejo condicionado. También es posible una amplitud de respuestas viscerales: modificaciones de la frecuencia cardiaca, de la tensión arterial,…

Si se presenta reiteradamente el estímulo condicionado sin el estímulo incondicionado, el reflejo condicionado acaba agotándose y desapareciendo. Se produce un proceso que se conoce como extinción o inhibición interna. Si el animal es distraído inmediatamente después de aplicar el estímulo condicionado con un estímulo externo, la respuesta condicionada puede llegar a no aparecer. Se trata en estos casos de una inhibición externa.

Tras el agotamiento o la extinción, el reflejo condicionado también puede reforzarse por una nueva asociación entre estímulo condicionado y estímulo no condicionado.

El establecimiento de los reflejos condicionados es difícil salvo que los estímulos incondicionados se asocien a sensaciones agradables o desagradables. Surgen los refuerzos positivos, agradables o de recompensa o los refuerzos de huida, negativo o desagradable.

Condicionamiento operante

El condicionamiento operante es una forma de condicionamiento en el que se enseña al animal a realizar una tarea (actuar sobre su entorno) para obtener una recompensa o para evitar un castigo. El estímulo incondicional, en este caso, es el acontecimiento agradable o desagradable, mientras que el estímulo condicional puede ser una señal luminosa o un sonido. Las respuestas motrices condicionadas que permiten al animal evitar los efectos negativos o desagradables se denominan reflejos de huida.

El condicionante de aversión para un alimento determinado juega un papel muy importante de cara a evitar los venenos. Es posible que el cerebro esté organizado genéticamente para facilitar el establecimiento de este tipo de respuesta de rechazo.

Hasta luego y buena suerte

La memoria implícita y la memoria explícita

Luca Coge

La memoria es la retención y almacenaje de información. Desde un punto de vista psicológico, se diferencia entre la memoria implícita y la memoria explícita. Esta última también se denomina memoria declarativa, de reconocimiento. Está asociada a la consciencia o, al menos, a la percepción consciente. La retención de su contenido depende del hipocampo y de determinadas partes de los lóbulos temporales del cerebro. La memoria explícita se divide en:

  • memoria episódica o de acontecimientos
  • memoria semántica, de palabras reglas, del lenguaje,…

Por su parte, la memoria implícita es independiente de la consciencia y se denomina no declarativa. En la retención de la información no participa el hipocampo. Incluye las habilidades, los hábitos y los reflejos condicionados.

Existe memoria explícita que puede convertirse con el tiempo y el aprendizaje en memoria implícita, como es el ir en bicicleta.

Tipos de memoria
Explícita
Episódica
Semántica
Implícita
No asociativa: adquisición de hábitos; sensibilidad
Asociativa: condicionante clásico; condicionante operativo
Habilidades y hábitos
Efecto primado

La memoria explícita y parte de las modalidades de la memoria implícita incluyen:

  • el almacenamiento temporal de la información en la memoria a corto plazo o memoria de trabajo, cuya duración es de unos segundo o minutos
  • un periodo de tratamiento en el hipocampo o en otras áreas que permite prolongar la duración de la información
  • la memoria a largo plazo que persiste varios años o, en algunos casos, toda la vida.

Hasta luego y buena suerte

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