La psicología de los apoyos y las resistencias en los mercados

Uno de los aspectos que más preocupa a los analistas de la bolsa es la determinación de las tendencias. La tendencia es el comportamiento de los valores a lo largo del tiempo. Detrás de este comportamiento se encuentra la conducta y decisiones de las personas que intervienen en los mismos. En este sentido, el estudio de la tendencia persigue esclarecer la psicología de los mercados o, cuanto menos, algunos aspectos de la misma. En esta nota abordaremos está cuestión apoyándonos siempre en el texto de John J. Murphy. Trataremos de los diferentes tipos de tendencia, de los apoyos y las residencias, de cómo se construyen y sustituyen estos.

Tendencias ascendentes, descendentes y laterales

En los mercados de valores, en las bolsas, los precios se mueven en una serie de picos y valles cuya dirección marca la dirección del mercado, esto es la tendencia del mercado. Una tendencia ascendente se caracteriza por una sucesión de picos y valles cada vez más altos; una tendencia descendente por una serie de picos y valles en declive; y, una tendencia lateral por picos y valles moviéndose horizontalmente. Dicho de otro modo, un mercado se puede mover en tres direcciones: hacia arriba, hacia abajo y hacia el costado. Este último, el movimiento lateral o banda de fluctuación, es un reflejo de equilibrio en el nivel de precios en el que las fuerzas de la oferta y de la demanda están en relativa igualdad.

Tendencia principal, secundaria y de corta duración

De acuerdo con la Teoría de Dow, existen tres tipos de tendencia según la dimensión temporal que consideremos. La tendencia principal está vigente más de un año; la tendencia intermedia o secundaria se extiende entre tres semanas y varios meses; y, la tendencia de corta duración se define con un período menor de dos o tres semanas. Cada tendencia es vista como una porción de su próxima tendencia más larga: de modo que una tendencia intermedia sería una corrección de la tendencia principal. Si la tendencia principal es una tendencia ascendente, el mercado se detiene para autocorregirse durante un par de meses antes de continuar su camino hacia arriba, formándose de este modo una tendencia intermedia. Ésta se identificaría como pequeñas caídas y recuperaciones.

Apoyos y resistencias

Hemos dicho que las tendencias están formadas por picos y valles. Estos se denominan apoyos y resistencias. Un apoyo o mínimo de reacción es un nivel o área del gráfico por debajo del mercado donde el interés de los operadores por comprar es lo suficientemente fuerte como para vencer la presión por vender. Como resultado, hay una bajada de precios que se detiene y estos vuelven a subir. Una residencia, por su parte, representa un nivel o área de precios por encima del mercado donde la presión por vender vence a la presión por comprar y un avance del precio vuelve hacia atrás.

Continuidad y cambio de tendencia

En una tendencia ascendente, los niveles de resistencia representan pausas en ese movimiento hacia arriba que generalmente son superadas en algún momento. En una tendencia descendente, los niveles de apoyo no son suficientes para detener la bajada de forma permanente, pero al menos la pueden controlar temporalmente.

Para que una tendencia ascendente continúe, cada mínimo sucesivo –su nivel de apoyo- debe ser más alto que el anterior. Si la bajada correctiva en una tendencia ascendente llega al nivel del mínimo anterior, puede ser una advertencia anticipada de que la tendencia ascendente está llegando a su fin, o al menos de que se está transformando en una tendencia lateral. Si se viola un nivel de apoyo, entonces es probable que se dé un cambio completo de tendencia, de ascendente a descendente. De igual modo para el paso de una tendencia descendente a otra ascendente.

La imposibilidad de superar un pico anterior en una tendencia ascendente, o la capacidad de los precios de escaparse del mínimo de apoyo anterior en una tendencia descendente, es generalmente la primera advertencia de que la tendencia actual está cambiando.

La psicología de los mercados hace que, en ocasiones, un nivel de resistencia se transforme en un nivel de apoyo o que éste se convierta en una resistencia.

La psicología de los mercados: la transformación de apoyos en resistencias (o viceversa)

Imaginemos que nos encontramos en un mercado que comienza a moverse hacia arriba a partir de un área de apoyo en la que los precios han estado fluctuando durante algún tiempo. En ese momento dado, los agentes que participan en un mercado pueden agruparse en tres categorías:

  • Los que cuentan con posiciones largas son aquellos que ya han comprado contratos. Están encantados observando como el mercado se mueve al alza; aunque también lamentan no haber comprado más activos de lo que hicieron. Piensan que si el mercado volviese a bajar cerca del área de apoyo, aumentarían sus posiciones.
  • Los que cuentan con posiciones cortas se han comprometido con los compradores y por tanto han vendido. Ahora se dan cuenta que sean equivocado al anticiparse y no poder aprovechar el movimiento alcista. Piensan que si llegase una bajada hasta donde tomaron sus posiciones cortas, retomarían las mismas y no se precipitarían.
  • También están en el mercado lo que, en ese instante, no están comprometidos, bien porque nunca lo estuvieron por indecisión o porque liquidaron sus posiciones largas en el área de apoyo.
    • Los que liquidaron sus posiciones piensan ahora que se precipitaron y buscan encarecidamente ora oportunidad de reposicionarse de modo largo allí donde vendieron.
    • Los indecisos se convencen a sí mismos que la subida de precios debe aprovecharse y se deciden a entrar en el mercado con posiciones largas a la primera oportunidad de compra que se presente.

Todos ellos tienen un interés personal en el área de apoyo. Si ésta volviese a presentarse, si los precios volviesen a bajar cerca de ese apoyo, todos materializarían sus deseos de compra renovada esperan ver cumplido su ambición de una subida de precios. Las reacciones combinadas de todos los operadores hacen que cada reacción a la baja sea contrarrestada con compras adicionales, creando un mayor apoyo. De este modo, lo que en el tiempo del movimiento lateral era una resistencia se convierte en un apoyo.

Si en lugar de imaginar una subida de precios, no situamos en la situación contraria en que los precios bajan. Si los precios comienzan a descender y llegan a estar por debajo del anterior área de apoyo: todos lo que compraron estando en el área de apoyo se dan cuenta de su error y transforman sus órdenes de compra en órdenes de venta, convirtiendo así el apoyo en resistencia.

Los modelos que se basan en los conceptos de apoyo y resistencia ofrecen imágenes de los que hacen los partícipes del mercado, y, por ello, se encuentran en medida de permitirnos establecer sus reacciones ante los hechos que acontecen en el mercado. El análisis de los gráficos del mercado es el estudio de la psicología humana y de las reacciones de los operadores a los cambios en las condiciones del mercado. Una psicología humana emplazada, esta vez, en transformación del nivel de apoyo en nivel de resistencia.

 

Hasta luego y buena suerte.

 

Fuentes:

Texto: John J. Murphy, Análisis Técnico de los Mercados Financieros, Gestión 2000

Imágenes: © Microsoft

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Inteligencia y demencia

La demencia: entre factores genéticos y ambientales

La demencia es un trastorno que afecta, en la actualidad, a más de 35 millones de personas. Se estima que en 2050 habrá más de 100 millones de personas que presenten el trastorno. La demencia se caracteriza por un deterioro cognitivo adquirido, con una gravedad que afecta al funcionamiento social y profesional del enfermo. El tipo más común de demencia es la enfermedad de Alzheimer. El impacto de la demencia transciende a la salud y al bienestar del paciente, para incidir en el bienestar de la familia y del cuidador, además del importante coste social y económico.

La demencia se caracteriza por un desarrollo patológico previo a los primeros síntomas y deficiencias de varios años antes. Identificar los factores que intervienen en ese desarrollo permitiría reducir de forma eficaz la cargar de la demencia en los años posteriores. Para ello, sería necesario realizar esfuerzos en prevención.

El riesgo de sufrir demencia se asocia tanto a factores genéticos como ambientales. Mientras los primeros no son modificables o no lo son fácilmente, sí que es posible intervenir en los segundos. No obstante, se considera que la intervención de los factores no se dirige a la manifestación o no del trastorno, sino al momento en que esté se expresará.

Entre los factores modificables, no genéticos, vinculados sistemáticamente al riesgo de sufrir demencia y que intervienen en etapas medias de la vida, se pueden citar (de modo no exhaustivo) (Hughes & Ganguli, 2010):

  • las enfermedades vasculares,
  • la dieta,
  • el ejercicio y
  • la actividad mental.

Centrándonos en la actividad mental. Una expresión de la relación de la misma y la demencia, no la ofrece la hipótesis de la reserva cerebral o cognitiva.

La reserva cerebral

La hipótesis de la capacidad de reserva cerebral fue introducida hace casi 20 años con el propósito de explicar la observación de una ausencia de correlación fuerte entre la enfermedad de Alzheimer y sus síntomas clínicos. La inteligencia o la experiencia de la vida pueden proporcionar la reserva en la forma de habilidades que permiten que algunas personas atenúen los síntomas de la degeneración neuronal mejor que otras. Los estudios epidemiológicos, clínicos y neuropatológicos sugieren que la educación es un importante factor de tal experiencia. Se ha mostrado, por ejemplo, que la asociación entre la enfermedad y sus síntomas cognoscitivos se ve atenuada por el número de años de educación. Los estudios de imaginería también proporcionan la evidencia para la hipótesis de la capacidad de reserva cerebral. Al considerar el reducido flujo cerebral de la sangre y la tasa de utilización cerebral de glucosa (rCGMglc) como marcadores indirectos de la enfermedad de Alzheimer, pacientes con más años de enseñanza tienen un fuerte déficit en las regiones afectadas típicamente por la patología.

En esencia, la hipótesis de la reserva cerebral asume que tanto la inteligencia innata como las experiencias de la vida (educación, actividades, etc.) pueden proporcionar una reserva en la forma de habilidades cognitivas que permiten a algunas personas tolerar mejor que a otras los cambios patológicos del cerebro.

Inteligencia y demencia

Algunos autores, como Dennis y colaboradores (2000), entienden que la reserva cerebral se refiere al tejido del SNC disponible para el cambio adaptativo, o la plasticidad en respuesta a los eventos normales y anormales ocurridos durante toda la vida. Mientras que la reserva cognitiva se relaciona con la inteligencia, la cual se usa para definir la capacidad adaptativa, la eficiencia y la flexibilidad en la resolución de problemas a través de varios dominios, presentándose desde la educación y la experiencia. La reserva cerebral y la cognitiva interactúan entre ellas, por ejemplo, una mayor reserva cognitiva, entendida como las estrategias y habilidades conseguidas gracias a un alto nivel educativo y ocupacional, hace tener un mayor número de neuronas y densidad sináptica (véase Rodríguez Alvarez y Sánchez Rodríguez).

Existen dos estudios que se han centrado en el análisis prospectivo del papel desempeñado por las actividades cognitivas en la edad media sobre el riesgo de sufrir demencia en el caso de la enfermedad de Alzheimer (Crowe et al., 2003; Carlson et al., 2008). Ambos estudios incluyen un análisis doble con el propósito de someter a control el papel de la genética y del entorno no controlado de las primeras etapas de la vida. En ambos casos, se sugiere que una mayor participación en actividades cognitivamente estimulantes se asocia a una disminución del riesgo de sufrir demencia y de padecer la enfermedad de Alzheimer en las mujeres.

Participar en actividades mentalmente estimulantes puede considerarse como la estrategia más directa para aumentar la reserva cerebral mediante la inducción de neurogénesis y sinaptogénesis, el aumento de la reactividad sináptica del hipocampo, la mejora de la vascularización cerebral, la disminución del depósito de Aβ en el cerebro, la reorganización de redes neurocognitivas, la atenuación de las reacciones adversas de las hormonas del estrés en el cerebro y la modificación de la asociación entre la densidad de las lesiones de la sustancia blanca, que refleja microangiopatía, y el rendimiento cognitivo (Hughes & Ganguli, 2010).

Aunque los resultados de los estudios son prometedores, se carece de datos suficientes para establecer una lista específica que incluya las actividades cognitivas particulares a realizar, su frecuencia, su dosificación y su duración, de modo que se puede ofrecer protección suficiente contra la demencia.

 

Hasta luego y buena suerte.

 

 

Referencias

  • Hughes T, Ganguli M. Factores de riesgo de demencia en la vejez modificables en las etapas medias de la vida. Rev Neurol 2010; 51: 259-62.
  • Rodríguez Álvarez M, Sánchez Rodríguez JL. Reserva cognitiva y demencia, Anales de psicología, 2004; 20(2): 175-186.
  • Crowe M, Andel R, Pedersen NL, Johansson B, Gatz M. Does participation in leisure activities lead to reduced risk of Alzheimers disease? A prospective study of Swedish twins. J Gerontol B Psychol Sci Soc Sci 2003; 58B: 249-55.
  • Carlson MC, Helms MJ, Steffens DC, Burke JR, Potter GG, Plassman BL. Midlife activity predicts risk of dementia in older male twin pairs. Alzheimers Dement 2008; 4: 324-31.