Aprendizaje, motivación y estrategias de estudio

Por Chrystel Ciereg y Lucas Coge

En un trabajo relativo a la motivación y el uso de estrategias de los estudiantes universitarios, Mª Cristina Rinaudo, Analía Chiecher y Danilo Donolo(1) relacionaban cinco conceptos importantes en el establecimiento de las estrategias motivacionales y de estudio por parte de los estudiantes: la orientación motivacional, la valoración de las tareas, los sentimientos de autoeficacia, las creencias de control y la ansiedad. En estas líneas recogeremos algunos puntos interesantes de parte de su trabajo.

A la hora de analizar la motivación en el estudio, es frecuente distinguir entre motivación intrínseca y motivación extrínseca. La primera se asocia con las acciones llevadas a cabo por el interés que la propia actividad genera o acarrea; se la considera un fin en sí misma. En cambio, la segunda, se caracteriza por constituir un medio para lograr un fin o una meta, la acción permite de modo indirecto alcanzar otros fines.

La motivación incide sobre la forma de proceder, de pensar, de actuar y, por ello, de aprendizaje. De modo que las distintas orientaciones motivaciones deberían tener efectos sobre el aprendizaje y la elección de determinados procesos y mecanismos de aprendizaje. En principio, puede establecerse que el estudiante motivado intrínsecamente seleccione y lleve a cabo actividades por el propio interés que éstas proveen, por la curiosidad y el desafío que las actividades y su realización comportan. En ello, manifestará el estudiante una mayor propensión a realizar un mayor esfuerzo mental durante la realización de las tareas, un mayor compromiso en la ejecución de procesamientos más ricos, exigentes, complejos y elaborados, así como el empleo de estrategias más profundas y efectivas.

Por el contrario, es de esperar que el estudiante motivado extrínsecamente asuma compromisos limitados y exclusivos con las actividades que le permiten obtener de forma los más rápida posible las recompensas externas; en ello, manifestaría una preferencia por las tareas sencillas, fáciles de ejecutar, cuya relación con la recompensa o meta sea evidente.

En cuanto a la valoración de las tareas, ésta será positiva cuando pueda conducir al estudiante a involucrase más en el propio aprendizaje y a utilizar estrategias cognitivas más frecuentemente. Cuando las tareas académicas son percibidas como interesantes, importantes y útiles, los estudiantes pueden estar más dispuestos a aprender con comprensión.

Los sentimientos o creencias de autoeficacia están asimismo involucrados en la motivación. Las creencias de autoeficacia son las percepciones de los estudiantes sobre su capacidad para desempeñar las tareas requeridas en el curso. La autovaloración que se hace de las propias capacidades influye en las tareas seleccionadas, en las metas marcadas, también en la planificación, esfuerzo y persistencia que preside las acciones. En general, puede considerarse que cuanto mayor es la confianza en nuestras capacidades, mayores son la competencia, exigencias, aspiraciones y dedicación.

Las creencias de control del aprendizaje son el grado de control que los estudiantes creen tener sobre su propio aprendizaje. Cuando mayor es la creencia de control mayor es el rendimiento académico, pues el estudiante considera que la causa de los resultados de sus acciones está en el mismo. En el extremo contrario, se situaría el estudiante que considera que es la suerte o el destino el responsable de sus resultados. Éste último tipo de estudiante al sentirse menos responsable tanto de los éxitos como de los fracasos, al atribuir los dos a factores externos e incontrolados, se verán menos empujados por los éxitos y menos atormentados por los fracasos.

La ansiedad está asociada a los sentimientos negativos por parte del sujeto, que interfieren negativamente en su desempeño. La ansiedad y la excesiva preocupación por el desempeño pueden contribuir a su deterioro.

Estos cinco elementos influyen en la definición de estrategias cognitivas y el uso de recursos por parte de los estudiantes.

Hasta luego y gracias

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(1)Mª Cristina Rinaudo, Analía Chiecher y Danilo Donolo (2003), Motivación y uso de estrategias en estudiantes universitarios. Su evaluación a partir del Motivated Strategies Learning Questionnaire”, Anales de Psicologia, vol. 19. Nº 1 (junio); 107-19.

© Fotografías: Microsoft

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Aprendizaje y olvido

Autor: Luca Coge

En una entrada anterior, nos ocupamos de la Memoria. A modo de continuación, hoy hablaremos del olvido.

La explicación de la pérdida de memoria o del olvido también incorpora algunos de los elementos presentes en la caracterización de la Memoria.

El olvido puede explicarse como resultado de un desfallecimiento o de una interferencia.

En el primer caso, de acuerdo con la teoría del desfallecimiento, los recuerdos se debilitan por una pérdida de intensidad de las conexiones neuronales. Existe una relación directa entre olvido y trascurso del tiempo, e inversa entre memoria y tiempo.

Frente al desfallecimiento, el reaprendizaje permite mantener la intensidad de las conexiones neuronales y, consiguientemente, reducir el olvido.

Pero también el olvido puede explicarse a partir de la interferencia entre la información ya presente en la memoria y aquella otra que se quiere incorporar a la misma. Se trata de una competencia entre las informaciones ya existentes y las nuevas. Esta interferencia puede ser de dos tipos. Bien una interferencia retroactiva cuando la adquisición de nueva información se asocia a una reducción del acceso a la información previamente almacenada; o bien una interferencia proactiva, cuando las informaciones previas dificultan, limitan o reducen la consolidación de la nueva información.

También puede expresarse las causas del olvido teniendo en cuenta los diferentes tipos de memorias. De este modo, el olvido puede producirse como resultado de:

Una falta de codificación

  • Una deficiencia en la consolidación
  • Una dificultad para realizar la recuperación de la información

La falta de codificación o la mala calidad de la misma se asocian a problemas de atención o de percepción de estímulos. Asimismo, la insuficiente consolidación o su ausencia estarían también asociadas a deficiencias en el proceso de aprendizaje.

El olvido no es, pues, un problema exclusivo de ausencia de recuperación de la memoria. Ésta es solamente una parte del mismo.

Gracias y suerte.

Luca Coge